No permitas que un error en las misiones te lleve a otro
Imagina celebrar un estudio bíblico para nuevos creyentes en un país difícil de alcanzar—sabiendo que es un estudio dirigido por no creyentes. Imagina animar a que se celebre la Cena del Señor dentro de la Iglesia Perseguida en una región difícil—mientras se aprueba el uso de Coca-Cola y Oreos en vez de pan y vino/jugo.
¿Qué llevaría a creyentes bien intencionados a semejantes prácticas no bíblicas? Me gustaría sugerir que es una reacción exagerada ante errores pasados—que solamente conducen a los errores actuales.
En las últimas décadas, ha existido la preocupación de que los esfuerzos misioneros de la iglesia occidental estén siendo particularmente paternalistas. El paternalismo busca ejercer un excesivo control sobre las acciones de otros. Esto podría llevar a pensar que la transferencia del liderazgo a cristianos locales es demasiado lenta porque se busca mantener el control.
También ha habido una tendencia a equiparar los esfuerzos misioneros de Occidente con el colonialismo. El colonialismo es un esfuerzo por conquistar a otros pueblos, someterlos y establecer la cultura de los colonizadores sobre los locales. En las misiones, el colonialismo podría parecer que requiere las formas occidentales de la expresión cristiana, lo que podría expresarse en la arquitectura de los edificios de los templos, cierta forma de vestir para ir el domingo a la iglesia, el arte cristiano o la postura durante la oración.
El paternalismo afirma: “Yo lo hago por ti”. El colonialismo afirma: “Hazlo a mi manera”.
Es verdad que muchas personas alrededor del mundo siguen confundidas por tergiversaciones del cristianismo que fueron propagadas por estrategias misioneras que daban prioridad a las costumbres occidentales antes que a la fidelidad bíblica. Un ejemplo evidente es la Inquisición católica que se extendió a Asia y las Américas.
Tales preocupaciones son reales—pero también lo es el peligro de retener la verdad por temor.
CUANDO RETENER LA VERDAD HACE DAÑO
Es por eso que mi preocupación es considerar cómo hemos corregido en exceso, al extremo de que nos hemos causado daño y hemos dañado a aquellos a quienes les hemos anunciado el evangelio. En un esfuerzo por evitar ser paternalistas, creo que a menudo hemos dudado en exigir lo que la Biblia exige. En un esfuerzo por evitar llevar costumbres culturales ajenas al cristianismo, nos ha faltado determinación para llevar las costumbres bíblicas no negociables a todas las culturas.
Esta corrección extrema puede llevar, involuntariamente, a condescender con los locales. Al no enseñar la Biblia de manera completa e integral, y esperar que la obedezcan, lo que estamos diciendo es: “Ellos no la necesitan, o lo que es peor, no la pueden manejar.”
¿Cómo funciona esto en la práctica?
Como mencioné anteriormente, he visto a personas que animan a que se celebre la Cena del Señor dentro de la Iglesia Perseguida usando Coca-Cola y Oreos, como si las instrucciones que dio Cristo sobre el uso de pan y vino/jugo de uva fueran una idea occidental. He escuchado a personas celebrar la multiplicación a tres y cuatro generaciones de estudios bíblicos entre los iraníes que son dirigidos por no creyentes.
También he leído material de capacitación para pastores en el norte de África que escasamente sobrepasa el nivel de cuarto grado de la escuela bíblica de verano—mientras tanto, las universidades del norte de África están enseñando a los estudiantes derecho, negocios y tecnología. En el Medio Oriente, he visto personas que promueven la reunión de la iglesia a través de un visor de realidad virtual, como si reunirse físicamente fuera una idea occidental.
He escuchado de misioneros que han abandonado a jóvenes creyentes en Asia, porque piensan que les han dado suficiente formación y no quieren “interponerse en el camino de los cristianos locales”. Sin embargo, esto ha resultado en el dolor, la confusión y la inestabilidad de estos cristianos que aunque genuinos, son nuevos en la fe.
Nada de esto es una crítica a la Iglesia Global. Es una crítica a Occidente por dar menos a la Iglesia Global.
¿POR QUÉ DAMOS MENOS?
Creo que hay dos causas principales para querer corregir exageradamente: Primera, no hemos podido distinguir con claridad entre lo que es una expresión cultural occidental del cristianismo y lo que es una norma o un principio bíblico.
Tampoco hemos podido reconocer que, como embajadores de Cristo, venimos con autoridad—no una autoridad inherente, sino con la autoridad de Dios—para buscar regular las acciones de otros según la Palabra de Dios. No es condescender cuando enseñamos “todo el consejo de Dios” (Hechos 20:27), no es colonialismo demandar arrepentimiento de los pecados culturales (1 Pedro 1:18) y obediencia a las normas de la Escritura, entre ellas cómo ser y hacer iglesia (1 Timoteo 3:15).
¿Cuáles son los efectos de esta corrección excesiva? Veo tres problemas principales:
- Al tratar de no ser demasiado controladores por temor a ser paternalistas, transferimos el liderazgo demasiado rápido a otros que no califican. La meta debe ser levantar líderes locales que dirijan la iglesia (Tito 1:5). Pero debemos levantar líderes calificados (Tito 1:6–9). Requerir que un líder llene los requisitos bíblicos no es paternalismo.
- Al tratar de no ser “colonizadores” o introducir lo que pensamos que es nuestra cultura, podemos desarrollar una mala comprensión de lo que es una iglesia. Esto nos lleva a plantar iglesias que son débiles (en el mejor de los casos) o a no plantar ninguna. Un estudio bíblico no es una iglesia. Un grupo de cristianos no es una iglesia. Requerir que una iglesia tenga las características bíblicas de una iglesia (por ejemplo: los líderes, las ordenanzas del bautismo y la Cena del Señor, la membresía, la disciplina) no es colonialismo. Es bíblico.
- Al tratar de no ser dominantes, en ocasiones enseñamos la Biblia de manera somera y superficial. Cuando la Biblia declara que los cristianos deben pasar de tomar leche a comer alimento sólido (Hebreos 5:12–13), creemos que instar a alguien a masticar carne sería demasiado paternalista—así que los dejamos que se sustenten solo con leche. Eso los hace vulnerables (Efesios 4:12–14). Todo eso es una manera de condescender y faltarle el respeto a las personas en la iglesia, como si ellas no pudiesen manejar una enseñanza más profunda.
BUSCANDO UN MÉTODO BÍBLICO
El campo misionero es diferente en muchos aspectos a nuestras experiencias en casa. Pero si se trata de principios bíblicos, debe ser lo mismo.
Una prueba que he utilizado a través de los años para ver si hemos sido presa de esta corrección excesiva es hacer las siguientes preguntas: ¿Harías esto en tu propia iglesia? ¿Transferirías el liderazgo a hombres no calificados? ¿Llamarías iglesia a un estudio bíblico? ¿Enseñarías solamente lo básico del cristianismo a tu congregación y esperarías que sean cónyuges maduros, empleados y ciudadanos capaces de ser la sal y la luz de la tierra?
Si nosotros no lo hacemos en casa, no debemos hacerlo en el campo misionero. Es condescendencia dar a las naciones menos de lo que nos damos a nosotros mismos—o darles menos de lo que Jesús mandó: “Vayan… hagan discípulos de todas las naciones… enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado”.









