Trabajando donde Jesús es menos conocido
Hace unos meses, mi esposa y yo conocimos a tres jóvenes que habían aceptado trabajos en el país donde hemos vivido durante muchos años. Tienen contratos de un año, aunque esperan que se los renueven. Aman a Jesús y lo siguen. Quieren vivir con intencionalidad por el evangelio. Además, han logrado vincularse al ministerio local por medio de una iglesia y un equipo aquí.
Su historia me anima, pero también me entristece. Ninguna de estas mujeres pertenece a una iglesia que haya visto lo que están haciendo como algo estratégico para el evangelio. Por eso, ninguna fue enviada por su iglesia.
Pero también conozco a otra pareja de una iglesia en Estados Unidos que comenzó a sentir un deseo creciente de compartir a Jesús y servir entre personas en una nación con poco acceso al evangelio. Empezaron ministrando entre esas personas en su propia ciudad.
Comenzaron a orar para discernir si el Señor los estaba llamando a aceptar un traslado laboral que les permitiera mudarse con su familia e involucrarse en una cultura distinta. Buscaron al pastor de misiones de su iglesia y comenzaron a hablar sobre cómo sería si su iglesia los enviara.
Le dijeron claramente: “Queremos ser enviados por nuestra iglesia”. No necesitaban apoyo económico, pero sí anhelaban oración, cuidado y dirección estratégica. Poco tiempo después, la empresa del esposo le ofreció un cargo de liderazgo en una de sus oficinas en Europa. No era exactamente el lugar al que pensaban ir, pero sí era una oportunidad.
Él aceptó el traslado y la pareja comenzó el proceso de envío con su iglesia. Fueron evaluados y recibieron un plan de desarrollo personal para prepararse para su salida. Ese plan incluía lecturas, mentoría, capacitación transcultural y la formación de un equipo de oración y cuidado.
Han estado en ese país por más de dos años. Su iglesia enviadora se mantiene en contacto con ellos regularmente para acompañarlos, cuidarlos y caminar con ellos en rendición de cuentas. También forman parte de una congregación en su nuevo país que está comprometida con las misiones.
La esposa dedica muchas horas a servir como voluntaria en un ministerio con refugiados, trabajando con personas que nunca han escuchado el evangelio, ni en su país de origen ni en su contexto de diáspora. Además, han tenido la oportunidad de guiar a su nueva iglesia en viajes misioneros de corto plazo y discipular a personas que han recibido el evangelio.
Esta pareja no solo dijo: “Sí, queremos vivir misionalmente como expatriados”, sino también: “Queremos ser enviados por nuestra iglesia y servir junto a la iglesia local para alcanzar personas con el evangelio”.
¿Cómo puedes cultivar personas así que ya están sentadas en tu propia congregación?
1. Enseña a tu iglesia a vivir como enviada
Enséñales a los miembros de tu iglesia que, como seguidores de Jesús, son enviados sin importar dónde vivan. Discipúlalos para vivir aquí o allá. Sí, algunos son llamados a ser misioneros a tiempo completo en otro lugar, pero no debemos minimizar ni ignorar la realidad de que hay personas trabajando en todo el mundo y llevando el evangelio con ellas. Esa también es una estrategia importante.
2. Abre una variedad de caminos para el envío
Piensa más allá de los viajes de corto plazo o de los misioneros vocacionales que tu iglesia envía. Moviliza a estudiantes que van a estudiar al extranjero, maestros, trabajadores remotos, emprendedores, personas que reciben un traslado o consiguen empleo en una empresa global. Y no olvides a quienes están en su etapa de jubilación. Todos ellos representan posibles caminos de participación para una iglesia enviadora.
Mientras desarrollas e implementas tu proceso de envío, haz los ajustes necesarios para preparar a quienes van por una vía alternativa. Esta no es una estrategia que sustituye el envío de misioneros vocacionales. Es una estrategia de ambas cosas, y puede ampliar y profundizar el impacto de tu iglesia. Puede que necesites ajustar tus expectativas, pero no la manera en que los envías.
Anímalos a comprometerse con el aprendizaje del idioma y la cultura. Ayúdales a encontrar un buen compañero de ministerio en el campo. Evalúalos para saber si están preparados antes de salir. Dales un plan de desarrollo para prepararlos para servir en el campo. Ora por ellos y cuídalos como enviados de tu propia iglesia.
3. Cultiva alianzas que estén abiertas a recibir trabajadores del ámbito laboral
Piensa en los lugares donde ya están colaborando o adonde ya están enviando equipos de corto plazo. ¿Están abiertos a recibir personas que lleguen por vías alternativas? Conoce a un misionero o a un colaborador nacional y construye una relación profunda con él. El equipo receptor debe ofrecer comunidad, rendición de cuentas y dirección estratégica.
Estos tres pasos pueden ayudar a tu iglesia a tener un impacto más amplio y más profundo en llevar el evangelio a lugares donde todavía no ha sido escuchado.
La iglesia necesita más Priscilas y Aquilas. En el libro de los Hechos, esta pareja, que trabajaba haciendo tiendas, fue también parte vital de los esfuerzos misioneros de Pablo y siervos clave en las primeras iglesias. Ellos pusieron su trabajo y su vida al servicio del evangelio. Que la iglesia encuentre hoy maneras de seguir su ejemplo.









