Una ciudad puede influir en toda una región para el evangelio
Zlata es una mujer de habla rusa de Dushanbe, Tayikistán. Mateo es un hombre colombiano de la ciudad de Medellín. La pareja se mudó a Shanghái, China, donde se conocieron y se casaron mientras estudiaban mandarín.
Después de desarrollar sus carreras y formar una familia, Mateo inició su propia empresa global de cadenas de suministro y se mudó a Atlanta, una ciudad con el aeropuerto más ocupado del mundo, acceso a importantes centros de envío y una confluencia de autopistas que conectan gran parte de Estados Unidos.
Zlata y Mateo tienen carreras exitosas que los conectan con contratistas y clientes alrededor del mundo. Pero no conocen a Jesús.
El año pasado, durante una crisis personal, Zlata encontró mi iglesia a través de una búsqueda en línea. Asistió a un servicio dominical y le compartió a un pastor que estaba considerando abortar a su bebé. Ese pastor me contó sobre su conversación. Le pregunté si ella por casualidad hablaba ruso. Tras confirmarlo, la puso en contacto con mi esposa Olga, hablante de ruso de Ucrania.
Desde entonces, Olga y Zlata se reúnen y se envían mensajes regularmente. Zlata está escuchando el evangelio, leyendo la Biblia y considerando la fe en Cristo. Mateo observa con interés a nuestra familia desde la distancia. Mientras tanto, continúan viviendo y trabajando dentro del ecosistema de nuestra ciudad conectado con el mundo más amplio.
¿Puedes imaginar sus vidas después de una transformación por el evangelio? Considera cómo esto impactaría su matrimonio, su negocio, nuestra ciudad y sus familias extendidas por Asia Central y Sudamérica. Estamos orando para que confíen en Cristo pronto.
Pero esto es más que una historia esperanzadora. También es un llamado a considerar el ecosistema único de tu propia ciudad y cómo sus personas y lugares están conectados con las naciones.
¿Qué pasaría si Dios está aprovechando el diseño único de tu ciudad para avanzar Su evangelio hasta los confines de la tierra? ¿Y si tu iglesia local es la fuente misma de la gracia del evangelio a través de la cual Él planea hacerlo? Tu ciudad no es simplemente una colección de comunidades al azar, sino un ecosistema interconectado. Dios le ha dado a tu iglesia un escenario particular para mostrar Su gloria al mundo.
¿Tiene nuestra misiología espacio para una teología de la localidad? Para ser embajadores del evangelio efectivos en la era urbana, necesitaremos una.
LA LOCALIDAD EN LA BIBLIA
La localidad siempre ha estado en el corazón del plan de redención de Dios (Génesis 1:26–28; 2:15). Génesis describe que el propósito original de Dios al traer a la humanidad a un mundo material sin pecado era reflejar Su imagen a través de la creación de lugares.
Se suponía que debíamos ser cocultivadores con Dios, estableciendo un hogar en este mundo que mostrara Su perfecta gloria creativa. Adán y Eva eludieron ese llamado y trajeron el pecado al mundo, deshaciendo la armonía entre Dios y Su creación: personas y lugares (Génesis 3:1-24).
Aún queda un gran abismo, pero Dios, en Su misericordia, nos ha invitado a regresar a casa nuevamente (Juan 14:1–6; Efesios 2:12–19). Como cristianos, sabemos que nuestro hogar es donde Jesús está, y al aceptar esta invitación por fe, participamos en una nueva misión que trae salvación a un pueblo sin hogar, renovándolos a ellos y a los lugares que habitan (Mateo 28:18–20; Colosenses 1:19–20).
LA CIUDAD COMO ESTRATEGIA
Las ciudades siempre han jugado un papel central en la misión de Dios. Cuando las personas residen juntas en proximidad densa, aumenta la innovación y la productividad. Aprovechan la gracia común de Dios en la creación material y la cultivan en la cultura. Sin embargo, sin conocer personalmente a Dios en Cristo, el Creador siempre es reemplazado por la creación, adorando las cosas creadas en lugar del que las hizo (Romanos 1:25). Por eso las ciudades son los principales exportadores de idolatría.
Los cristianos siempre han tenido dificultades para acercarse a las ciudades de manera fiel, y a menudo tienden a tres respuestas principales:
- Resistir: La ciudad es corrupta, llena de peligro e influencia negativa, así que evítala a toda costa.
- Retirarse: Reside en la ciudad pero úsala de manera transaccional como un mercado personal. Una vez obtengas lo que quieres, escapa a la ilusión de paz y soledad.
- Relativizar: Vive en la ciudad. Deja que su atractivo te consuma.
En la Escritura, Dios siempre confronta estos instintos en nosotros. Jonás resistió a Nínive y huyó en dirección opuesta (Jonás 1–4). Dios lo envió de regreso con Su mensaje de misericordia. Los exiliados judíos en Babilonia podrían haberse aislado durante su cautiverio, aprovechando solo los recursos de la ciudad. En cambio, Dios los llama a buscar su bienestar (Jeremías 29:4–7). Israel relativiza repetidamente su testimonio ante la idolatría cultural de la ciudad, pero Dios los llama nuevamente a la fidelidad del pacto (Jeremías 2:11–13; Ezequiel 20:30–32; Oseas 4:12).
El retiro, la explotación y la rendición nunca son opciones en nuestro enfoque hacia la ciudad. Más bien, Dios nos llama a ir con valentía donde el fuego está más intenso y movernos hacia los lugares de mayor necesidad, influencia y oportunidad para el evangelio. Nos llama a cultivar una nueva cultura que dé testimonio de la gloriosa presencia de un Dios que un día establecerá una ciudad nueva y mejor (Apocalipsis 21:1–5).
Mientras esperamos, Él nos llama a ver y comprometernos con las oportunidades del evangelio en las ciudades de nuestro tiempo.










