Erradicando el evangelio de la prosperidad en África Occidental
En una ocasión, una mujer llegó a la iglesia lidiando con una carga que muchos pastores en África Occidental reconocen. Le habían dicho que las dificultades de su familia eran causadas por una maldición espiritual. Un predicador le prometió que Dios la liberaría, pero solo si ella daba una ofrenda especial. Desesperada por alivio, dio dinero que no podía permitirse perder. Cuando su situación no mejoró, le dijeron que su fe había sido demasiado débil.
Historias como la de ella son dolorosamente comunes.
En más de dos décadas de ministerio pastoral en Costa de Marfil, he visto cómo el evangelio de la prosperidad atrae a personas de todos los niveles sociales, religiosos y educativos. Sus maestros prometen sanidad, empleo, matrimonio, visas, éxito en los negocios y protección frente a enemigos espirituales. Estas promesas no se presentan simplemente como bendiciones que los cristianos pueden pedirle a Dios, sino como derechos que los creyentes pueden reclamar mediante suficiente fe, declaraciones positivas u ofrendas financieras.
El evangelio de la prosperidad es difícil de erradicar en África Occidental porque no habita en un contexto religioso vacío. Se adhiere a temores tradicionales, explota sufrimientos reales y florece donde las iglesias carecen de formación bíblica sólida.
“CRISTIANIZA” LAS CREENCIAS RELIGIOSAS TRADICIONALES
África Occidental es diversa en lo religioso. El islam tiene una fuerte influencia en toda la región, mientras que el cristianismo es muy difundido en países como Costa de Marfil. Sin embargo, las creencias religiosas africanas tradicionales siguen moldeando cómo muchas personas interpretan la vida diaria, incluso entre quienes se identifican como cristianos o musulmanes.
La enfermedad, la infertilidad, el desempleo, los accidentes y los fracasos repetidos pueden atribuirse a la brujería, al descontento de los ancestros, a una maldición familiar o al trabajo de un enemigo. Como resultado, la gente no solo busca una explicación para su sufrimiento; busca poder espiritual para superarlo.
El evangelio de la prosperidad encaja fácilmente en esta cosmovisión. En algunos casos, el predicador de prosperidad simplemente ocupa el lugar del practicante espiritual tradicional. El vocabulario cambia, pero la transacción subyacente sigue siendo la misma: trae dinero, realiza una acción prescrita y recibe protección o prosperidad.
Las ofrendas se convierten en inversiones espirituales. El aceite de unción y los objetos “bendecidos” se tratan como fuentes de poder. La oración se convierte en una técnica para obligar a Dios a producir un resultado deseado. Jesús deja de proclamarse principalmente como el Salvador que reconcilia a los pecadores con Dios, y pasa a presentarse como la clave para la salud, la riqueza, la protección y el avance social.
Por eso, exponer los escándalos de los predicadores de prosperidad no es suficiente. La iglesia también debe confrontar la cosmovisión que hace su mensaje tan atractivo. Los creyentes necesitan entender la soberanía de Dios, la suficiencia de Cristo, el lugar del sufrimiento en la vida cristiana y la seguridad que tienen en Él.
EXPLOTA EL SUFRIMIENTO REAL CON ESPERANZA FALSA
El evangelio de la prosperidad no es atractivo simplemente porque las personas sean codiciosas. Muchos que abrazan sus promesas están desesperados.
En toda África Occidental, las familias enfrentan desempleo, acceso limitado a la atención médica de calidad, inestabilidad política y el aumento de los costos de alimentos, vivienda y educación. Cuando una madre no puede pagar la medicina de su hijo o un joven graduado no encuentra trabajo, la promesa de un milagro inmediato puede sonar como una verdadera buena noticia.
Los predicadores de prosperidad saben cómo dirigirse a estas ansiedades. Sus sermones prometen avances, puertas abiertas, ascensos, sanidad y liberación de deudas. Testimonios cuidadosamente seleccionados crean la impresión de que la fórmula siempre funciona. La televisión y las redes sociales luego difunden estos mensajes desde grandes ciudades hasta las comunidades más remotas.
Sin embargo, este aparente evangelio es cruel para quienes sufren. Cuando el avance prometido no llega, rara vez se cuestiona al predicador. En cambio, se culpa al que sufre: “No tuviste suficiente fe. No diste lo suficiente. Hablaste negativamente.”
El verdadero evangelio ofrece una esperanza mejor y más duradera. No promete que todo creyente sea rico ni que escape del sufrimiento. Proclama que, a través de la muerte y resurrección de Jesucristo, los pecadores son reconciliados con Dios y reciben vida eterna. Cristo permanece con Su pueblo en medio de la dificultad, y un día hará todas las cosas nuevas. Nuestro mayor tesoro no es lo que Jesús pueda darnos; nuestro mayor tesoro es Jesús mismo.
FLORECE DONDE LAS IGLESIAS SON DÉBILES
La enseñanza falsa crece más fácilmente donde el conocimiento bíblico es superficial y la formación pastoral es limitada. Muchos pastores en África Occidental sirven fielmente con pocos libros, poca educación teológica y casi ningún apoyo continuo. Otros imitan a predicadores famosos porque grandes multitudes, edificios impresionantes y exhibiciones públicas de riqueza parecen confirmar la bendición de Dios.
La solución a largo plazo, por lo tanto, no puede ser solo la crítica. Debemos fortalecer iglesias locales saludables.
Los pastores necesitan formación teológica accesible que los equipe para comprender la Escritura, predicar todo el consejo de Dios y cuidar a las personas que sufren sin explotarlas. Las iglesias necesitan libros cristianos confiables en francés y lenguas africanas. Los creyentes también necesitan ejemplos de pastores humildes que sirvan en lugar de exigir ser servidos, que abracen el sacrificio en lugar de la ostentación, y que busquen la gloria de Cristo en lugar de la fama personal.
Los cristianos en Estados Unidos pueden acompañarnos en este trabajo. Oren para que los creyentes en toda África Occidental puedan distinguir la verdad del error. Oren para que los pastores prediquen fielmente a Cristo, incluso cuando las promesas de milagros atraigan a multitudes más grandes. Apoyen ministerios que formen líderes locales, planten iglesias saludables, proporcionen recursos bíblicos sólidos y cuiden de manera práctica a quienes sufren.
El evangelio de la prosperidad tiene raíces profundas en África Occidental, pero no tendrá la última palabra. A medida que las iglesias saludables proclamen y encarnen pacientemente el verdadero evangelio, la gente puede descubrir un tesoro mucho mayor que la prosperidad: Jesucristo, quien es suficiente tanto en la abundancia como en el sufrimiento.










