Lo que creemos.
Radical existe para que todos conozcan a Jesús, en todo lugar.
Radical existe para que todos conozcan a Jesús, en todo lugar.
Nuestra Declaración
de Fe
Nuestra Declaración
de Fe
El Dios Trino
Creemos en un Dios, que existe eternamente en tres personas igualmente divinas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que se conocen, se aman y se glorifican el uno al otro.
Este Dios verdadero y vivo es infinitamente perfecto tanto en su amor como en su santidad. Él es el Creador de todas las cosas, visibles e invisibles y es por lo tanto digno de recibir toda la gloria y adoración. Inmortal y eterno, Él conoce de manera perfecta y exhaustiva el final desde el principio, sostiene y gobierna soberanamente sobre todas las cosas, y providencialmente trae a relucir sus buenos propósitos eternos para redimir a un pueblo para sí mismo y restaurar su creación caída, para la alabanza de su gloriosa gracia.
Revelación
Dios ha revelado por gracia su existencia y poder en el orden creado, y se ha revelado supremamente a seres humanos caídos en la persona de su Hijo, el Verbo encarnado. Además, este Dios es un Dios que habla, quien por su Espíritu se ha revelado por gracia en palabras humanas. Creemos que Dios ha inspirado las palabras preservadas en las Escrituras, los sesenta y seis libros del Antiguo y Nuevo Testamento, que son tanto registro como instrumento de su obra salvífica en el mundo.
Solamente estas escrituras constituyen la Palabra de Dios verbalmente inspirada, que es completamente autoritativa y sin error en sus escritos originales; completa en la revelación de su voluntad para salvación; suficiente para todo lo que Dios nos requiera creer y hacer; y final en su autoridad sobre cada esfera de conocimiento de la cual hable.
Confesamos que tanto nuestra finitud como nuestra pecaminosidad imposibilitan la posibilidad de saber la verdad de Dios exhaustivamente, pero afirmamos que, iluminados por el Espíritu de Dios, podemos conocer la verdad revelada de Dios verdaderamente. La Biblia debe ser creída como instrucción de Dios en todo lo que enseña; obedecida como mandato de Dios en todo lo que requiere, y confiada como el compromiso de Dios en todo lo que promete. A medida que los hijos de Dios oyen, creen y practican la Palabra, son equipados como discípulos de Cristo y testigos del evangelio.
Creación de la Humanidad
Creemos que Dios creó a los seres humanos, hombre y mujer, a su propia imagen. Adán y Eva pertenecieron al orden creado que Dios mismo declaró como muy bueno, sirviendo como agentes de Dios para cuidar, administrar y gobernar la creación; viviendo en una comunión santa y dedicada a su Creador.
Los hombres y las mujeres, creados igualmente a la imagen de Dios, gozan del mismo acceso a Dios por la fe en Cristo Jesús, y ambos están llamados a moverse más allá de la autocomplacencia pasiva hacia un compromiso significativo, tanto privado como público, en la vida familiar, de iglesia y cívica. Adán y Eva fueron creados para complementarse el uno al otro en una unión de una sola carne, que establece el único patrón normativo de relaciones sexuales para hombres y mujeres. Esta unión es tal que el matrimonio sirve en última instancia como tipo de la unión entre Cristo y su iglesia.
En los propósitos sabios de Dios, los hombres y las mujeres no son simplemente intercambiables, sino que se complementan unos a otros en formas mutuamente enriquecedoras. Dios ordena que ellos asuman roles distintivos que reflejen la relación de amor entre Cristo y la iglesia: el marido ejercitando liderazgo de una manera que demuestre el cuidado y amor sacrificial de Cristo, y la esposa sometiéndose a su marido de forma que modele el amor de la iglesia por su Señor.
En el ministerio de la iglesia se anima a los hombres y a las mujeres a que sirvan a Cristo y que se desarrollen a su máximo potencial en los múltiples ministerios del pueblo de Dios. El rol distintivo de liderazgo dentro de la iglesia dado a hombres calificados está fundamentado en la creación, la caída y la redención, y no debe ser ignorado por apelaciones a progresos culturales.
- Género y creación
- La Escritura enseña que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen (Génesis 1:26–27) y para su gloria. Por lo tanto, Radical cree que todas las personas deben ser tratadas con igual dignidad, independientemente de su género (o de cualquier otra distinción). Como parte del buen diseño de Dios, Él ha establecido distinciones entre hombres y mujeres, distinciones que se refieren tanto a sus cuerpos como a sus roles complementarios en el mundo, en el hogar y en la iglesia. Afirmamos que el género es un don de Dios dado para nuestro bien y que debe ser aceptado con gozo. Debido a la manera en que Dios nos ha creado, negamos que sea posible o deseable cambiar nuestro género.
God has created us, we deny that it is possible or desirable to change our gender.
- La Escritura enseña que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen (Génesis 1:26–27) y para su gloria. Por lo tanto, Radical cree que todas las personas deben ser tratadas con igual dignidad, independientemente de su género (o de cualquier otra distinción). Como parte del buen diseño de Dios, Él ha establecido distinciones entre hombres y mujeres, distinciones que se refieren tanto a sus cuerpos como a sus roles complementarios en el mundo, en el hogar y en la iglesia. Afirmamos que el género es un don de Dios dado para nuestro bien y que debe ser aceptado con gozo. Debido a la manera en que Dios nos ha creado, negamos que sea posible o deseable cambiar nuestro género.
- Matrimonio y Sexualidad
- La distinción dada por Dios entre el hombre y la mujer se expresa de manera particular en la relación matrimonial. Dios estableció el matrimonio como una unión exclusiva de una sola carne entre un hombre y una mujer (Génesis 2:24; Efesios 5:31). Toda actividad sexual fuera del matrimonio (tal como el matrimonio es definido en la Escritura), incluyendo el adulterio, la homosexualidad y cualquier otra expresión de inmoralidad sexual, está prohibida por la Escritura (1 Corintios 6:9; Gálatas 5:19).
- La distinción dada por Dios entre el hombre y la mujer se expresa de manera particular en la relación matrimonial. Dios estableció el matrimonio como una unión exclusiva de una sola carne entre un hombre y una mujer (Génesis 2:24; Efesios 5:31). Toda actividad sexual fuera del matrimonio (tal como el matrimonio es definido en la Escritura), incluyendo el adulterio, la homosexualidad y cualquier otra expresión de inmoralidad sexual, está prohibida por la Escritura (1 Corintios 6:9; Gálatas 5:19).
La Caída
Creemos que Adán, creado a la imagen de Dios, distorsionó esa imagen y echó a perder su bendición original –para sí mismo y para toda su progenie– por caer en el pecado a través de la tentación de Satán.
Consecuentemente, todos los seres humanos están alejados de Dios, corrompidos en cada aspecto de su ser (p. ej., físicamente, mentalmente, intencionalmente, emocionalmente, espiritualmente), y condenados final e irrevocablemente a la muerte; fuera de la intervención de Dios, propia y llena de gracia. La necesidad suprema de todos los seres humanos es la reconciliación con Dios bajo cuya justa y santa ira estamos. La única esperanza de todos los seres humanos es el amor inmerecido de este mismo Dios, el único que puede rescatarnos y restaurarnos hacia sí mismo.
El Plan de Dios
Creemos que desde toda la eternidad, Dios determinó en su gracia salvar a una gran multitud de culpables pecadores de cada tribu, lengua, pueblo y nación; y con este fin los conoció de antemano y los eligió.
Creemos que Dios justifica y santifica a quienes por gracia tienen fe en Jesús, y que él un día los glorificará; todo para la alabanza de su gloriosa gracia. En amor, Dios ordena e implora a toda persona a arrepentirse y a creer, habiendo fijado su amor salvífico sobre aquellos a quienes Él ha elegido, y habiendo ordenado a Cristo para ser su Redentor.
El Evangelio
El Evangelio es la buena noticia de que Dios, el Creador amoroso, el Rey soberano y el Juez santo de todo, ha mirado a los hombres y a las mujeres hechos maravillosamente y de manera única por Él a Su imagen, quienes se han rebelado contra Él, están separados de Él y merecen la muerte delante de Él. Y Él ha enviado a Su Hijo, Jesús, Dios hecho carne, el Rey largamente esperado, para vivir una vida perfecta y poderosa, morir una muerte sacrificial y sustitutiva, y resucitar de la tumba en victoria sobre el pecado, Satanás y la muerte.
El Evangelio es un llamado de parte de Dios para que todas las personas en todas las naciones se arrepientan y crean en Jesús para el perdón de los pecados, apartándose de todos los ídolos para declarar lealtad únicamente a Jesús como Rey y confiar únicamente en Jesús como Señor. Todos los que no pongan su confianza en Jesucristo experimentarán sufrimiento eterno y horrendo en el infierno, mientras que todos los que confíen en Jesús experimentarán comunión eterna y plena con Dios en el cielo. (Isaías 5:16; 6:1–7; Marcos 1:14–15; Juan 3:1–21; Romanos 3:1–31; 1 Corintios 15:1–8; Efesios 2:1–10; 1 Timoteo 1:15; Tito 3:4–7)
La Redención de Cristo
Creemos que, movido por amor y en obediencia a Su Padre, el Hijo eterno se hizo humano: el Verbo se hizo carne, plenamente Dios y plenamente humano, una sola Persona en dos naturalezas. El hombre Jesús, el Mesías prometido de Israel, fue concebido mediante la obra milagrosa del Espíritu Santo y nació de la virgen María.
Él obedeció perfectamente a Su Padre celestial, vivió una vida sin pecado, realizó señales milagrosas, fue crucificado bajo Poncio Pilato, resucitó corporalmente de entre los muertos al tercer día y ascendió al cielo. Como Rey mediador, está sentado a la diestra de Dios Padre, ejerciendo en el cielo y en la tierra toda la soberanía de Dios, y es nuestro Sumo Sacerdote y Abogado justo. Creemos que por Su encarnación, vida, muerte, resurrección y ascensión, Jesucristo actuó como nuestro representante y sustituto.
Él hizo esto para que en Él llegáramos a ser la justicia de Dios: en la cruz Él canceló el pecado, propició a Dios y, al asumir el pleno castigo por nuestros pecados, reconcilió con Dios a todos los que creen. Por Su resurrección, Cristo Jesús fue vindicado por Su Padre, rompió el poder de la muerte y derrotó a Satanás, quien antes tenía dominio sobre ella, y trajo vida eterna a todo Su pueblo; por Su ascensión ha sido exaltado para siempre como Señor y ha preparado un lugar para que estemos con Él. Creemos que en nadie más se encuentra la salvación, pues no hay otro nombre bajo el cielo dado a los seres humanos por el cual debamos ser salvos. Debido a que Dios escogió lo débil del mundo, lo despreciado, lo que no es, para deshacer lo que es, ningún ser humano puede jamás gloriarse delante de Él —Cristo Jesús se ha convertido para nosotros en sabiduría de Dios— es decir, nuestra justicia, santidad y redención.
La Justificación de los Pecadores
Creemos que Cristo, por Su obediencia y muerte, canceló completamente la deuda de todos los que son justificados. Por Su sacrificio, Él soportó en nuestro lugar el castigo que merecen nuestros pecados, ofreciendo una satisfacción apropiada, real y completa a la justicia de Dios en nuestro favor. Por Su obediencia perfecta, Él satisfizo las justas demandas de Dios en nuestro nombre, ya que, por la fe solamente, esa obediencia perfecta es acreditada a todos los que confían únicamente en Cristo para ser aceptados por Dios.
En la medida en que Cristo fue dado por el Padre para nosotros, y Su obediencia y Su castigo fueron aceptados en lugar de los nuestros, libremente y no por nada que haya en nosotros, esta justificación es únicamente por la gracia, a fin de que tanto la justicia exacta como la rica gracia de Dios sean glorificadas en la justificación de los pecadores. Creemos que el celo por la obediencia personal y pública fluye de esta justificación gratuita.
El Poder del Espíritu Santo
Creemos que esta salvación, atestiguada en toda la Escritura y asegurada por Jesucristo, es aplicada a Su pueblo por el Espíritu Santo. Enviado por el Padre y el Hijo, el Espíritu Santo glorifica al Señor Jesucristo y, como el otro Consolador, está presente con y en los creyentes. Él convence al mundo de pecado, justicia y juicio, y por Su obra poderosa y misteriosa regenera a los pecadores espiritualmente muertos, despertándolos al arrepentimiento y a la fe, y en Él son bautizados en unión con el Señor Jesús, de modo que son justificados delante de Dios por gracia solamente mediante la fe solamente en Jesucristo solamente.
Por la obra del Espíritu, los creyentes son renovados, santificados y adoptados en la familia de Dios; participan de la naturaleza divina y reciben Sus dones distribuidos soberanamente. El Espíritu Santo es Él mismo la garantía de la herencia prometida, y en esta era mora, guía, instruye, equipa, aviva y empodera a los creyentes para una vida y servicio semejantes a Cristo.
El Reino de Dios
El reino de Dios, ya presente pero no completamente realizado, es el ejercicio de la soberanía de Dios en el mundo hacia la eventual redención de toda la creación. El reino de Dios es un poder invasivo que saquea el reino oscuro de Satanás y regenera y renueva, mediante el arrepentimiento y la fe, las vidas de los individuos rescatados de ese reino.
La misión del reino es proclamar el Evangelio del reino a todas las naciones, produciendo ciudadanos redimidos del Rey de todos los pueblos que forman comunidades indígenas del Rey (la iglesia), viviendo en amor, armonía y cuidado al someterse a la voluntad de su Rey en servicio los unos a los otros y al mundo, tanto localmente como hasta los fines de la tierra. Por esto, Radical cree que la prioridad misional de la iglesia es la plantación de iglesias (definidas por la Escritura y no por modelos contemporáneos o pragmáticos) entre aquellos que nunca han oído. Las iglesias que se plantan se convierten en la manifestación indígena de que el reino ha llegado a ese pueblo, mientras estas comunidades del Rey proclaman y viven las buenas nuevas del reino.
El Nuevo Pueblo de Dios
Creemos que el pueblo del nuevo pacto de Dios ya ha llegado a la Jerusalén celestial; ya está sentado con Cristo en los lugares celestiales. Esta iglesia universal se manifiesta en iglesias locales de las cuales Cristo es el único Cabeza; por lo tanto, cada “iglesia local” es, en realidad, la iglesia, la casa de Dios, la asamblea del Dios viviente y la columna y fundamento de la verdad.
La iglesia es el cuerpo de Cristo, la niña de Sus ojos, grabada en Sus manos, y Él se ha comprometido con ella para siempre. La iglesia se distingue por su mensaje del Evangelio, sus ordenanzas sagradas, su disciplina, su gran misión y, sobre todo, por su amor a Dios y el amor de sus miembros los unos por los otros y por el mundo.
Es crucial entender que este Evangelio que atesoramos tiene dimensiones tanto personales como corporativas, ninguna de las cuales puede ser pasada por alto apropiadamente. Cristo Jesús es nuestra paz: Él no solo ha logrado la paz con Dios, sino también la paz entre pueblos enemistados. Su propósito fue crear en Sí mismo una nueva humanidad, haciendo así la paz, y reconciliar en un solo cuerpo a judíos y gentiles con Dios por medio de la cruz, mediante la cual Él puso fin a su hostilidad.
La iglesia sirve como señal del nuevo mundo futuro de Dios cuando sus miembros viven al servicio de unos y otros y de sus vecinos, en lugar de centrarse en sí mismos. La iglesia es la morada corporativa del Espíritu de Dios y el testimonio continuo de Dios en el mundo.
El Bautismo y la Cena del Señor
Creemos que el bautismo y la Cena del Señor fueron ordenados por el mismo Señor Jesucristo. El primero está relacionado con la entrada en la comunidad del nuevo pacto, y el segundo con la renovación continua del pacto. Juntos son simultáneamente la promesa de Dios para nosotros, medios de gracia ordenados divinamente, nuestros votos públicos de sometimiento al Cristo crucificado y resucitado, y anticipaciones de Su regreso y de la consumación de todas las cosas.
La Restauración de Todas las Cosas
Creemos en el regreso personal, glorioso y corporal de nuestro Señor Jesucristo con Sus santos ángeles, cuando Él ejercerá Su papel como Juez final y Su reino será consumado. Creemos en la resurrección corporal tanto de los justos como de los injustos —los injustos para juicio y castigo consciente y eterno en el infierno, como lo enseñó nuestro Señor, y los justos para bienaventuranza eterna en la presencia de Aquel que está sentado en el trono y del Cordero, en el nuevo cielo y la nueva tierra, el hogar de la justicia.
En ese día, la iglesia será presentada sin mancha delante de Dios por la obediencia, el sufrimiento y el triunfo de Cristo, con todo pecado purgado y sus efectos deplorables desterrados para siempre. Dios será todo en todos, y Su pueblo será cautivado por la inmediatez de Su santidad indescriptible, y todo será para la alabanza de Su gloriosa gracia.
La mayoría del lenguaje en la sección titulada “Nuestras Creencias” proviene de la declaración confesional de Coalición por el Evangelio.
Nuestras Convicciones
La Biblia es la Palabra de Dios, y es la autoridad final y determinante para todo lo que pensamos, deseamos, decimos y hacemos. La Biblia determina y dicta cómo entendemos y llevamos a cabo el mandato de Cristo de hacer discípulos de todas las naciones.
Dios es nuestra pasión suprema. Nuestra meta en todas las cosas es honrar a Dios el Padre mediante la fe en Dios el Hijo y la intimidad con Dios el Espíritu. La gloria global de Dios es nuestra motivación suprema. Debido a que la motivación suprema de Dios es Su gloria conocida y disfrutada entre todas las naciones, esta debe ser también la motivación suprema de toda iglesia y de todo seguidor de Cristo.
La salvación del pecado es la mayor y más urgente necesidad de todo ser humano. Tal salvación solo es posible cuando las personas escuchan el mensaje del Evangelio y responden con arrepentimiento y fe.
Hacer discípulos de todas las naciones es la responsabilidad principal y el privilegio de toda iglesia local. Obviamente, ninguna iglesia local puede ni debe hacer esto sola, y Dios llama a las iglesias locales a cooperar en esta tarea; pero si una iglesia local no está trabajando intencionalmente para ver discípulos formados entre todas las naciones, entonces esa iglesia local está desobedeciendo la Gran Comisión.
Todo cristiano es llamado por Dios a emplear su vida (sus dones, su tiempo, sus recursos, su trabajo, etc.) para la misión de la iglesia de hacer discípulos de todas las naciones. La causa global de Cristo debe dictar todo lo que un cristiano piensa, desea y hace.
Hacer discípulos de todas las naciones implica plantar y multiplicar iglesias bíblicas entre todas las naciones. Por el diseño de Dios, la manera más eficaz de alcanzar a las naciones es plantando y multiplicando iglesias según el modelo de Dios.
La Gran Comisión es una comisión global, destinada a todo el cuerpo de Cristo en todo el mundo. Por lo tanto, movilizamos y colaboramos con cristianos e iglesias entre las naciones para la expansión del Evangelio entre los pueblos.
Nos preocupa profundamente todo sufrimiento, especialmente el sufrimiento eterno. Por eso, trabajamos para la difusión de la misericordia de Dios en medio del sufrimiento físico en la tierra, mientras damos prioridad a la difusión de la salvación de Dios del sufrimiento eterno en el infierno.
La mayor injusticia en el mundo es que más de 3 mil millones de personas, en miles de grupos étnicos, tienen poco o ningún acceso al Evangelio. Alcanzar a los pueblos y lugares no alcanzados con el Evangelio debe ser una prioridad urgente para todo cristiano y toda iglesia local.
Nuestras Convicciones
La Biblia es la Palabra de Dios, y es la autoridad final y determinante para todo lo que pensamos, deseamos, decimos y hacemos. La Biblia determina y dicta cómo entendemos y llevamos a cabo el mandato de Cristo de hacer discípulos de todas las naciones.
Dios es nuestra pasión suprema. Nuestra meta en todas las cosas es honrar a Dios el Padre mediante la fe en Dios el Hijo y la intimidad con Dios el Espíritu. La gloria global de Dios es nuestra motivación suprema. Debido a que la motivación suprema de Dios es Su gloria conocida y disfrutada entre todas las naciones, esta debe ser también la motivación suprema de toda iglesia y de todo seguidor de Cristo.
La salvación del pecado es la mayor y más urgente necesidad de todo ser humano. Tal salvación solo es posible cuando las personas escuchan el mensaje del Evangelio y responden con arrepentimiento y fe.
Hacer discípulos de todas las naciones es la responsabilidad principal y el privilegio de toda iglesia local. Obviamente, ninguna iglesia local puede ni debe hacer esto sola, y Dios llama a las iglesias locales a cooperar en esta tarea; pero si una iglesia local no está trabajando intencionalmente para ver discípulos formados entre todas las naciones, entonces esa iglesia local está desobedeciendo la Gran Comisión.
Todo cristiano es llamado por Dios a emplear su vida (sus dones, su tiempo, sus recursos, su trabajo, etc.) para la misión de la iglesia de hacer discípulos de todas las naciones. La causa global de Cristo debe dictar todo lo que un cristiano piensa, desea y hace.
Hacer discípulos de todas las naciones implica plantar y multiplicar iglesias bíblicas entre todas las naciones. Por el diseño de Dios, la manera más eficaz de alcanzar a las naciones es plantando y multiplicando iglesias según el modelo de Dios.
La Gran Comisión es una comisión global, destinada a todo el cuerpo de Cristo en todo el mundo. Por lo tanto, movilizamos y colaboramos con cristianos e iglesias entre las naciones para la expansión del Evangelio entre los pueblos.
Nos preocupa profundamente todo sufrimiento, especialmente el sufrimiento eterno. Por eso, trabajamos para la difusión de la misericordia de Dios en medio del sufrimiento físico en la tierra, mientras damos prioridad a la difusión de la salvación de Dios del sufrimiento eterno en el infierno.
La mayor injusticia en el mundo es que más de 3 mil millones de personas, en miles de grupos étnicos, tienen poco o ningún acceso al Evangelio. Alcanzar a los pueblos y lugares no alcanzados con el Evangelio debe ser una prioridad urgente para todo cristiano y toda iglesia local.
Definiciones
Definiciones
Evangelismo
El evangelismo es la proclamación del Evangelio en el poder del Espíritu Santo con el propósito de persuadir a las personas a arrepentirse y creer en Jesucristo mediante la habilitación divina (Lucas 24:47; Juan 16:8–11; Hechos 1:8; 2 Corintios 5:11).
Discípulo
Los discípulos son seguidores de Jesús. Han dejado atrás su pecado y han confiado en Jesús como su Salvador. Han muerto a sí mismos y han entregado sus vidas a Él como Señor. Jesús ahora vive en ellos, transformando todo acerca de ellos desde adentro hacia afuera. Hay varias marcas de esta transformación en la mente, los afectos, la voluntad, las relaciones y el propósito de un discípulo. La primera marca —un corazón transformado— ocurre cuando un discípulo pone su fe inicial en Jesús. Las demás se manifiestan en mayor medida a medida que el discípulo crece en la fe en Jesús como miembro de Su cuerpo, la iglesia (Mateo 28:16–20; Marcos 1:17; Lucas 6:40; Romanos 8:29).
Formación de Discípulos
La formación de discípulos es la responsabilidad, ordenada por Cristo y capacitada por el Espíritu, de los discípulos de Jesús de cumplir su parte dada por Dios en evangelizar a los incrédulos, bautizar a los creyentes, enseñarles la Palabra de Cristo y entrenarlos para obedecer a Cristo como miembros de Su iglesia que hacen discípulos y plantan más iglesias en misión a todas las naciones.
Iglesia
A un nivel general, el Nuevo Testamento identifica la iglesia como el cuerpo de Cristo, que incluye a todos los redimidos de todas las épocas —creyentes de toda tribu, lengua, pueblo y nación—. Sin embargo, la gran mayoría de las referencias a la iglesia en el Nuevo Testamento se refieren a iglesias locales: grupos de creyentes bautizados en Jesucristo que están comprometidos unos con otros para ser el cuerpo de Cristo entre sí y que se reúnen regularmente para llevar a cabo las funciones de una iglesia bíblica.
Esas funciones se resumen en los siguientes 12 rasgos de una iglesia bíblica:
1. Una iglesia se caracteriza por el evangelismo bíblico.
Las personas entran a la iglesia porque han escuchado el mensaje completo del Evangelio y han respondido con arrepentimiento y fe. Luego continúan compartiendo el Evangelio en un estilo de vida evangelístico.
2. Una iglesia se caracteriza por el discipulado bíblico.
Los miembros invierten intencionalmente en la vida unos de otros para madurar en Cristo. Este discipulado incluye corazones, mentes, afectos, voluntades, relaciones y propósitos transformados.
3. Una iglesia se caracteriza por la membresía bíblica.
Solo aquellos que dan evidencia creíble de arrepentimiento y fe en Cristo, y que han sido bautizados como creyentes, son miembros. La membresía implica compromiso mutuo y participación fiel.
4. Una iglesia se caracteriza por el liderazgo bíblico.
La Biblia establece dos oficios: pastores/ancianos/supervisores y diáconos. Los pastores/ancianos/supervisores son hombres llamados por Dios, calificados según 1 Timoteo 3:1–7 y Tito 1:5–9, y dotados para enseñar. Los diáconos sirven a la iglesia (1 Timoteo 3:8–13).
5. Una iglesia se caracteriza por la predicación y enseñanza bíblica.
La exposición y aplicación de las Escrituras está en el centro de la reunión semanal. La iglesia confiesa la inspiración, inerrancia, autoridad, suficiencia y claridad de la Biblia.
6. Una iglesia se caracteriza por las ordenanzas bíblicas: bautismo y la Cena del Señor.
El bautismo es por inmersión y solo para creyentes. La Cena del Señor se celebra regularmente como recordatorio, proclamación y anticipación del regreso de Cristo.
7. Una iglesia se caracteriza por la adoración bíblica.
Ofrece adoración que es conforme a la Palabra de Dios, con reverencia, asombro y gozo. Incluye cantos bíblicos, lectura pública, oración, testimonios y, cuando corresponde, ayuno.
8. Una iglesia se caracteriza por la comunión bíblica.
Los miembros se aman, se animan, se edifican, se exhortan, se perdonan y cargan las cargas unos de otros. Se conocen lo suficiente como para discipularse mutuamente.
9. Una iglesia se caracteriza por la oración bíblica.
Ora privada y colectivamente, adorando, confesando, dando gracias, intercediendo y pidiendo conforme a la voluntad de Dios.
10. Una iglesia se caracteriza por la responsabilidad y disciplina bíblicas.
Los miembros se exhortan unos a otros a obedecer la Palabra, y la iglesia ejerce la disciplina cuando es necesaria, buscando siempre la restauración.
11. Una iglesia se caracteriza por la ofrenda bíblica.
Los miembros dan generosamente para sostener la enseñanza, los gastos de la iglesia, la ayuda a los necesitados y el avance del Evangelio.
12. Una iglesia se caracteriza por la misión bíblica.
Comparte el Evangelio localmente y también lo lleva a las naciones, con un enfoque especial en los pueblos no alcanzados.
Llamado
Al discernir cómo y dónde participar en la misión de la iglesia, puede ser útil considerar cuatro maneras en que Dios llama a Su pueblo:
- Llamado a la salvación. Es el acto de gracia por el cual Dios atrae a las personas a convertirse en discípulos de Jesús unidos a Él como miembros de su Iglesia. El llamado a la salvación viene por medio de la proclamación de la Palabra de Dios en el poder del Espíritu de Dios. Junto con el llamado a la salvación en Cristo, hay un llamado a la libertad, a la santidad y al sufrimiento en Cristo. El llamado a la salvación constituye el fundamento inquebrantable de la identidad primaria de un discípulo, ahora y para siempre. (Mateo 9:13; Hechos 2:39; Romanos 1:6; 8:28–30; 9:22–26; 1 Corintios 1:9, 24; Gálatas 1:6; 5:13; Efesios 1:18; 4:1–4; 1 Tesalonicenses 2:12; 4:7; 5:24; 2 Tesalonicenses 2:14; 1 Timoteo 6:12; 2 Timoteo 1:9; 1 Pedro 1:15–16; 2:9, 20–21; 5:10; 2 Pedro 1:3, 10; Judas 1:1).
- Llamado a la misión. El llamado a la salvación incluye un llamado a la misión, pues toda persona que responde al llamado de Dios recibe el mandato de Cristo de hacer discípulos de Jesús. Por lo tanto, hacer discípulos es el deber dado por Dios, capacitado por Cristo y empoderado por el Espíritu de todo discípulo, sin importar su situación, lugar o vocación. De esta manera, cada discípulo desempeña un papel integral en el propósito eterno de Dios de glorificar su nombre mediante discípulos hechos en todas las naciones. (Mateo 4:18–22; 28:16–20; Lucas 24:44–49; Hechos 1:8).
- Llamado a un estado o vocación. Cristo llama a los discípulos a estados de vida específicos en y a través de los cuales le exaltan en la misión. Uno de estos estados es la familia, donde los cristianos son llamados a ser hijos e hijas fieles, hermanos y hermanas, esposos y esposas, madres y padres, para la extensión del evangelio de Dios y la manifestación de su gloria. La Escritura también habla de un llamado divino a la soltería por causa de la misión, ya sea por un tiempo o por toda la vida en este mundo. Otros llamados a estados específicos incluyen el llamado de Cristo a una membresía significativa en su iglesia y su llamado a una ciudadanía responsable dentro de la comunidad. (1 Corintios 7:17–40).
- Llamado al servicio. Es la dirección específica de Dios para servir de cierta manera, en cierto tiempo, lugar, pueblo o vocación. Los llamados al servicio pueden ser dinámicos, operando en distintos niveles y abiertos a diversas asignaciones de parte de Dios. Estos llamados se disciernen y se confirman en comunidad, como miembros de la iglesia en misión en el mundo, mediante un examen guiado por el Espíritu, fundamentado en la Palabra y enfocado en la oración, que considera los deseos, dones, habilidades y oportunidades de un discípulo. (Mateo 4:18–22; 9:9; 10:1–4; Hechos 13:1–3; 16:10; Romanos 1:1; Hebreos 5:4).
Los llamados de Dios a la salvación, la misión, el estado de vida y el servicio brindan fortaleza y consuelo a los discípulos para perseverar en tiempos de prueba y dificultad, duda y desaliento, presión y persecución.
Trabajador Global
Un trabajador global —frecuentemente llamado misionero— es un discípulo de Jesús apartado por el Espíritu Santo y enviado por la iglesia para cruzar barreras geográficas, culturales o lingüísticas como parte de un equipo que hace discípulos y planta una iglesia (o iglesias) con el fin de llevar el Evangelio a pueblos y lugares no alcanzados. (Nota: Normalmente utilizamos el término “trabajador global” en lugar de “misionero”, debido a que identificarse abiertamente como misionero puede generar preocupaciones de seguridad en muchos contextos transculturales).
Un equipo de trabajadores globales es un grupo identificable de discípulos que se reúne regularmente, se cuida mutuamente de manera desinteresada y colabora de forma intencional para hacer discípulos y plantar una iglesia (o iglesias) entre pueblos y/o lugares específicos que aún no han sido alcanzados. (Cabe señalar que un equipo de trabajadores globales no es necesariamente una iglesia. Para que un equipo sea una iglesia, debe cumplir con los criterios bíblicos que definen a la iglesia según las Escrituras).
En el Nuevo Testamento, los discípulos en misión generalmente servían en equipos, en los cuales las personas desempeñaban distintos roles y responsabilidades. Las Escrituras señalan razones personales, prácticas y pastorales por las cuales los discípulos en misión no deben servir de manera aislada. También existen razones evangelísticas para que los discípulos exalten a Cristo en el contexto de la comunidad cristiana. (Mateo 28:18–20; Lucas 10:1; Hechos 1:8; 13:1–3; 15:36–40; 17:10–15; 18:1–5; Romanos 16:1–16; Filipenses 4:2–3)
Pueblos y Lugares No Alcanzados
Los pueblos y lugares no alcanzados son aquellos entre los cuales Cristo es en gran parte desconocido y donde la iglesia es relativamente insuficiente para darlo a conocer en su población más amplia sin ayuda externa. En la terminología contemporánea, “pueblos no alcanzados” se refiere a grupos etnolingüísticos en los cuales el número de cristianos evangélicos es menor del 2%. Aunque esta definición es útil en ciertos aspectos, es problemática en otros, particularmente porque identifica de manera arbitraria un umbral del 2% como el determinante entre “alcanzado” y “no alcanzado”. Los misiólogos han examinado datos sociológicos para determinar el punto en el cual un segmento de la población puede difundir suficientemente sus ideas entre su población más amplia sin asistencia externa. Sin embargo, los sociólogos (y, en consecuencia, los misiólogos) no han llegado a un acuerdo respecto a qué porcentaje constituye ese umbral. Esta realidad, junto con la ausencia de una prescripción bíblica sobre tal porcentaje, hace que los intentos de identificar un porcentaje específico para clasificar a un grupo como “no alcanzado” o “alcanzado” sean problemáticos, especialmente si ese porcentaje se convierte en el único determinante de la estrategia misional. Creemos que es valioso identificar el porcentaje de evangélicos dentro de un grupo étnico o en un lugar específico, pero también combinamos ese dato con investigación sobre una serie de otros factores para identificar con precisión el estado de la iglesia y el acceso al Evangelio entre ese pueblo o en ese lugar. Con base en toda esta información, organizamos qué trabajadores globales enviamos, a dónde los enviamos y qué harán cuando lleguen allí, dejando que el estado de la iglesia determine nuestra estrategia misional (para más información sobre el término “trabajador global”, véase la definición inmediatamente anterior).
Limitar innecesariamente la categoría de “no alcanzado” únicamente a un grupo étnico es restrictivo. La investigación sobre los pueblos del mundo es necesaria a la luz del mandato de Cristo de hacer discípulos de todas las naciones, Su promesa de que el Evangelio será proclamado como testimonio a todas las naciones antes del fin, y la garantía bíblica de que personas de toda tribu, lengua, pueblo y nación serán rescatadas por Dios y estarán representadas en el cielo. Es útil, entonces, identificar los grupos etnolingüísticos del mundo y seguir el avance del Evangelio entre ellos con el propósito de alcanzarlos a todos. Esa investigación debe informar la estrategia misional. Sin embargo, no ignoramos la realidad de que, cuando el Nuevo Testamento registra la expansión del Evangelio a través de la iglesia primitiva, los autores bíblicos se enfocan fuertemente en lugares, no solamente en pueblos. En el relato de Lucas sobre los viajes misioneros de Pablo, él registra principalmente la expansión del Evangelio de ciudad en ciudad y de región en región, no de grupo étnico a grupo étnico. Además, cuando Pablo explica claramente su pasión por proclamar el Evangelio donde Cristo no ha sido nombrado, habla en términos de lugares distintos, no de pueblos distintos. Esto no significa que los relatos bíblicos ignoren las diferencias étnicas o culturales entre los conversos, pero los primeros misioneros parecen haberse enfocado no solo en llevar el Evangelio a pueblos no alcanzados, sino también —y a menudo incluso más— a lugares no alcanzados. Por lo tanto, es tanto bíblico como útil reconocer a los no alcanzados en términos de pueblos y de lugares, pues ambas realidades influyen de manera única en la estrategia misional.
Reconocer a los no alcanzados en términos de pueblos tiene un impacto particular en la formación de discípulos. Las barreras etnolingüísticas a menudo dificultan la extensión del Evangelio entre distintos pueblos. Los trabajadores globales deben considerar tales barreras en el evangelismo y el discipulado al contextualizar el Evangelio para sus oyentes. En muchos casos, deben aprender un idioma para compartir el Evangelio, y siempre deben considerar las distinciones étnicas, culturales, lingüísticas y religiosas cuando comunican y aplican el Evangelio. Reconocer a los no alcanzados en términos de lugares tiene un impacto particular en la plantación de iglesias. Como se ha mencionado, los patrones misionales del Nuevo Testamento dan una prioridad clara a plantar iglesias en lugares no alcanzados. Al hacerlo, nunca debemos reforzar divisiones raciales, económicas o sociales en nuestra estrategia. Reconocemos que la efectividad evangelística a menudo requiere enfocarse en un idioma y un pueblo en particular. También afirmamos que los creyentes deben poder adorar a Dios en su propio idioma y cultura. Al mismo tiempo, reconocemos que el Evangelio derriba las paredes divisorias entre razas y clases. Rechazamos la idea de que una iglesia deba excluir a alguien por raza, clase o género.
Llegar a este punto en la plantación de iglesias puede requerir paciencia y sabiduría, pero sigue siendo la meta hacia la cual trabajamos hasta el día en que todos los pueblos se reúnan como un solo pueblo para dar gloria a Dios por medio de Cristo.
La estrategia misional, entonces, se enfoca tanto en pueblos como en lugares no alcanzados. La iglesia envía equipos de trabajadores globales a lugares no alcanzados donde Cristo es poco conocido y la iglesia es insuficiente. También los envía a lugares alcanzados que contienen una población significativa de pueblos no alcanzados. Además, envía equipos a lugares alcanzados que tienen potencial significativo para alcanzar pueblos y lugares no alcanzados. Sin importar el lugar, proclamamos el Evangelio a todas las personas con un enfoque intencional en alcanzar distintos pueblos y reunirlos en iglesias. De esta manera, estamos firmemente comprometidos a desempeñar nuestra parte en ver discípulos hechos y iglesias plantadas en cada lugar y entre toda nación del mundo.

