¿Cómo aconsejamos a cristianos de diferentes culturas?
Nota del Editor: Para nuestros lectores de habla inglesa, pueden leer el artículo completo en inglés.
El sufrimiento y el pecado son males con igualdad de oportunidades. Toda la creación gime bajo el dominio del mundo caído, y el corazón humano redimido no está exento de luchas de este lado de la eternidad. Las influencias de la caída tienen una manera de exponer las batallas internas del corazón. El color de piel, los privilegios étnicos o la posición económica no eximen a las personas de estar tristes o temerosas.
En todo el mundo, las personas enfrentan desafíos similares: algunos se preocupan, otros luchan con la ira, algunos anhelan aprobación y muchos combaten enfermedades o una tristeza que parece insuperable. Estas batallas compartidas revelan una verdad fundamental: el lenguaje del pecado y el sufrimiento es universal.
Sin embargo, Dios también habla a Su pueblo de manera universal a través de Su Palabra. Una de las formas en que la Palabra llega a Su pueblo es a través de la consejería bíblica. El propósito de la consejería es fortalecer a un santo cansado para que contemple a Dios a través de las Escrituras y sea transformado de gloria en gloria. El poder de la Palabra de Dios para moldear y sanar corazones en medio de todo tipo de batallas de la vida hace que la consejería bíblica sea un canal vital de crecimiento para los creyentes en todo el mundo.
Jesucristo vino para poder “sustentar con la Palabra al cansado”, ya sea en el Medio Oriente o en el Medio Oeste (Isaías 50:4). Él tuvo que hacerse como nosotros para ser un sumo sacerdote compasivo para todos los que creen en Él y morir por nuestros muchos pecados. Su luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la han vencido (Juan 1:5).
La consejería aborda la búsqueda innata de esperanza y rescate a un nivel más profundo al estar arraigada en las promesas del evangelio que trascienden las fronteras culturales. Y cumple la tarea de la Gran Comisión de enseñar y capacitar discípulos para amar a Dios y Sus mandamientos a un nivel personal (Mateo 28:18–19).
DESAFÍOS DE LA CONSEJERÍA TRANSCULTURAL
Aunque la Palabra de Dios afila a todos, el ministerio del Espíritu no es unidimensional. No existe una respuesta única para todos los problemas de la vida. Las personas son afectadas de manera diferente por las experiencias, interpretaciones y necesidades percibidas dentro de su contexto. Para aquellos que sirven en contextos internacionales, estas barreras culturales a veces pueden magnificar los problemas dentro del ministerio. La consejería transcultural trabaja para profundizar la efectividad de compartir la Palabra de Dios aplicando cuidadosamente las verdades bíblicas a las historias únicas de cada individuo.
Uno de los desafíos más importantes al aconsejar en diferentes contextos es discernir la naturaleza de las influencias culturales sobre un individuo. Algunas diferencias, aunque se etiqueten como culturales, son simplemente pecaminosas. Problemas como el mal uso del poder, incluso si son normativos en una sociedad en particular, necesitan una respuesta bíblica firme desde el púlpito y en las interacciones privadas.
Otros desafíos surgen de prácticas culturales que no son abiertamente incorrectas, pero que pueden obstaculizar las relaciones saludables o el crecimiento espiritual, como expectativas matrimoniales poco saludables formadas por tradiciones familiares. El consejero, entendiendo la brecha entre la sabiduría bíblica y las prácticas culturales, puede evitar soluciones insensibles y mostrar pacientemente lo que Dios espera de Su pueblo. Barreras adicionales incluyen normas sociales que limitan, como restricciones de género en la consejería o diferencias de idioma que requieren cuidado y clarificación.
Y cada uno de estos desafíos requiere un enfoque único, guiado por la oración y la Escritura.
UNIDAD DEL EVANGELIO EN LAS DIFERENCIAS
Estas diferencias pueden sacarnos de nuestra zona de confort. Sin embargo, como cristianos, la suma de nuestras diferencias debido a las barreras geográficas y el lenguaje no es mayor que el terreno común sobre el que nos mantenemos firmes gracias a la sangre de Cristo. Aunque nuestras luchas puedan tomar muchas formas alrededor del mundo, nuestras historias de pecado y sufrimiento son similares.
Como cristianos, la suma de nuestras diferencias debido a las barreras geográficas y el lenguaje no es mayor que el terreno común sobre el que nos mantenemos firmes gracias a la sangre de Cristo
Más aún, estamos unidos por el mismo relato del amor de nuestro Padre, la redención del Hijo y la obra santificadora del Espíritu. La consejería reconoce las muchas diferencias y trabaja dentro de ellas para ver a los santos cada vez más conformados a la imagen de Jesucristo.
Los objetivos finales de la consejería son los mismos que los de cualquier otro ministerio de la Palabra. Nuestro trabajo no solo apunta a ver nuevos conversos, sino también a establecerlos en su fe. Suplicamos ante el trono celestial por discípulos resilientes, listos para vivir y sufrir por Cristo. Esperamos discípulos maduros que edifiquen la iglesia de Dios y su testimonio. Nuestra confianza en este camino se basa en la promesa de Dios de que Su Palabra no vuelve vacía, sino que cumple aquello para lo que fue enviada (Isaías 55:11).









