La urgencia de la misión no justifica estrategias apresuradas
Imagina que inventas una bebida deliciosa con efectos poderosos y positivos. ¡Una bebida que sabe bien y que es buena para ti! Luego imagina que unos asesores comerciales te dicen: “Nosotros podemos hacer que esta bebida esté disponible para muchas personas con rapidez”. Y tu respuesta es: “¡Hagámosla!”. Y en unas pocas semanas la bebida está en los supermercados acompañada de una vasta campaña publicitaria para animar a la gente a comprarla.
Muchas personas responden y compran la bebida, pero se sienten desilusionadas. Es “aceptable” para ellas. Te sorprende porque sabes que tu bebida es más que “aceptable”. Entonces corres al supermercado, compras una para ti y de inmediato te das cuenta del problema. Con el fin de venderla rápidamente, los asesores la produjeron de la manera más barata posible, y no tenía la misma calidad de la original que tú les diste.
Tus esfuerzos para llevar esta bebida a tantas personas como sea posible serán más difíciles ahora que al principio. Las personas están convencidas de que han experimentado lo auténtico cuando lo que probaron era una falsificación.
Menos mal que el cristianismo no es solamente una bebida con buen sabor con efectos positivos.
EL PELIGRO DE UN EVANGELIO DILUIDO
Tenemos que admitir que la expansión del evangelio en el mundo a menudo se ha hecho más desafiante debido a las maneras en que hemos reemplazado lo verdadero por un producto diluido con tal de obtener grandes e inmediatos resultados. De manera que las personas creen que han visto e incluso saboreado el cristianismo, cuando no ha sido así.
Por supuesto, queremos que el evangelio se propague con rapidez. Como lo declara 2 Tesalonicenses 3:1: “Finalmente, hermanos, oren por nosotros, para que la palabra del Señor se extienda rápidamente y sea glorificada”. A la vez, piensa en el ministerio del mismo Jesús. Cuando dejó la tierra, después de 33 años, había 12 discípulos (uno de los cuales lo rechazó) y un poco más de 100 personas. Parece un número insignificante. Pero había algo que Dios estaba haciendo en unos pocos y tomando el tiempo necesario para prepararlos para que a través de ellos Su sabiduría resonara para Su gloria alrededor del mundo en las generaciones futuras.
PEQUEÑOS COMIENZOS, IMPACTO DURADERO
Piensa sobre esto en tu vida y mi vida hoy. ¿Qué pasaría si cada uno de nosotros guiara a otra persona a Jesús en los próximos 10 años? Y ¿qué pasaría si cada una de nuestras iglesias se multiplicara una vez en los próximos 10 años? Podríamos pensar: “Eso no es rápido. Sin duda, ¡tenemos que movernos más rápido!”.
Pero hagamos un poco de números. Si comenzamos con un número extremadamente conservador de solamente 500 millones de cristianos que creen en la Biblia y que proclaman el evangelio, entonces si cada discípulo de Jesús e iglesia se multiplicaran una vez cada 10 años, se alcanzaría literalmente al mundo entero (¡todas las naciones!) en los próximos 40 años. Alcanzar al mundo entero con el evangelio en el lapso de una generación sería maravilloso.
PACIENCIA QUE CONSTRUYE PARA LA ETERNIDAD
Lamentablemente, mucho de lo que se “hace” hoy en las misiones no se basa en presentar el evangelio o lo presenta de forma superficial. De igual manera, no se están plantando iglesias o se plantan iglesias débiles. A menudo se hace con buenas motivaciones—para alcanzar a muchos rápidamente con un efecto multiplicador. Esto permite reportar números grandes. Sin embargo, haríamos bien en considerar las palabras de John Paton, un misionero que fue a las islas Nuevas Hébridas (actual Vanuatu), un pueblo caníbal. Paton afirmó:
“Concentra tus esfuerzos dentro de una sola tribu o raza, donde se habla el mismo idioma. Trabaja desde el centro, construyendo—con enseñanza paciente y cuidado a largo plazo—una iglesia que perdure. No descanses, persiste hasta que cada pueblo, lengua y nación tenga un centro de Cristo que palpite con los pulsos de una nueva vida plenamente evidente. No vayas de aquí para allá o de un pueblo a otro pueblo en una misión infructuosa. El esfuerzo concentrado que construye para la eternidad recibirá la completa aprobación de Dios en su debido tiempo”.
En particular, cuando es popular decir que vamos a alcanzar a tantas personas con el evangelio en un tiempo determinado, es mejor que nos detengamos y consideremos cómo podríamos cambiar nuestro deseo de resultados rápidos e historias de éxito por nuestra dedicación a estrategias a menudo lentas pero generacionalmente sostenibles con las que la iglesia ha sido construida desde el principio.
HACIENDO DISCÍPULOS, PASO A PASO
Cuando vemos a las naciones, en particular a lugares que no se han alcanzado, acompañemos y apoyemos a los hermanos y hermanas que con claridad están proclamando el evangelio bíblico, con diligencia están plantando iglesias bíblicas, y con sabiduría están capacitando líderes para esas iglesias.
Cuando vemos nuestros vecindarios (es decir, ¡dónde vivimos hoy!), seamos fieles al hacer lo que Jesús nos mandó a hacer: hacer discípulos, guiar a las personas a Jesús y enseñarles a seguirlo, sabiendo que probablemente no será rápido y definitivamente no será fácil, pero a su debido tiempo (es decir, ¡en la eternidad!) sin duda habrá valido la pena.









