Los ministerios de misericordia deberían hacer visible el evangelio

Los ministerios de misericordia deberían hacer visible el evangelio

No hay misericordia fuera del evangelio.

Nota del editor: Un ministerio de misericordia es una labor de la iglesia que busca mostrar el amor y la compasión de Cristo atendiendo necesidades reales de personas que sufren, especialmente necesidades físicas, materiales y sociales.


Jesús proclamó que tener misericordia es estar en armonía con Su reino, y la gran recompensa al extender misericordia es que nosotros mismos la recibimos (Mateo 5:7). La misericordia es una marca de la vida cristiana, y la historia de la iglesia muestra las implicaciones de esa realidad que fueron mucho más allá de los muros de la iglesia. 

El ministerio de misericordia, tal como lo conocemos hoy, nació de los esfuerzos de los primeros creyentes para vivir su fe tanto de hecho como de palabra, al extender misericordia de manera completa y sin reservas. Hubo instrucciones explícitas de los apóstoles en cuanto a ser generosos y cuidar de los vulnerables (1 Juan 3:16–18, 1 Timoteo 6:18). 

También fue necesario ampliar el apoyo físico y material, ya que muchos nuevos cristianos sufrían persecución o tenían menos recursos económicos. A los creyentes se les exhortaba a no mostrar favoritismos ni hacer distinciones entre el rico y el pobre, sino que los más ricos debían compartir con quienes tenían mayor escasez (Santiago 2:1–4). 

Desde el nacimiento de la iglesia hasta nuestros días, los cristianos se han caracterizado por anunciar las buenas nuevas y ofrecer la ayuda que les era posible brindar. Hospitales, escuelas, hogares de acogida, bancos de alimentos, armarios para almacenar y distribuir prendas de vestir de forma gratuita y refugios en todo el mundo fueron fundados por personas virtuosas e iglesias para mostrar la misericordia de Dios que había sido derramada sobre ellos. 

Cuando la Palabra y los hechos coinciden, esto se convierte en un testimonio hermoso y poderoso. Sin embargo, existe el peligro de que el ministerio de misericordia comience a ignorar las buenas noticias del evangelio de Jesucristo, y que empiece a poner toda la esperanza de los vulnerables solamente en el bien material. 

También puede pasar a una forma de cuidado que no abarca la total sabiduría y disciplina que se nos da en las Escrituras: que las personas fueron hechas portadoras de la imagen de Dios y son nuestros compañeros en la obra, y no son solo beneficiarios de por vida de nuestra ayuda.

FORMAR DISCÍPULOS ES MÁS QUE SOLO SATISFACER LAS NECESIDADES

Como parte de su ministerio, el equipo de nuestra iglesia sirve a mujeres con embarazos no planificados y que tienen poco apoyo. Entre estas mujeres, estaba Raquel. Este equipo fue un maravilloso ejemplo del ministerio de misericordia. Ellos le anunciaron el evangelio, mientras compartían sus vidas y recursos. El apoyo se diseñó cuidadosamente para evitar una dependencia poco saludable, pero con el tiempo Raquel luchó con estos límites. Nunca antes se le había hablado de su identidad ante Dios y amorosamente se le pidió que comenzara a asumir la responsabilidad de su bienestar y el de sus hijos pequeños. 

 ¿Qué hizo el equipo cuando Rachel decidió distanciarse? ¿Cómo debía el equipo mostrar misericordia? ¿Cambiarían o diluirían el evangelio o cambiarían el cuidado que daban? Se propusieron, a través de la oración y la búsqueda de sabiduría en la Palabra, que la respuesta fuera simplemente recordarle a Raquel que aunque el apoyo práctico cambiaría a lo largo de los diferentes períodos, el amor de ellos por ella permanecería, de la misma manera que el amor del Señor por ella. El equipo no estaba dejándola sin ayuda ni esperanza.

Puede ser difícil mantener visible el mensaje del evangelio en el ministerio de misericordia. En muchos sentidos, formar un discípulo es significativamente más difícil que satisfacer una necesidad física. A menudo es lento y bastante difícil de medir. Podemos contar cuántas personas hemos alimentado a lo largo del mes, pero ¿cómo medir el lento y sinuoso caminar de alguien que está aprendiendo a seguir a Jesús?

En nuestra frustración, podemos ser tentados a considerar el hacer discípulos como una tarea separada que debe delegarse a evangelistas dotados o misioneros extranjeros.

Pero ¿qué está haciendo el misionero o la iglesia local al otro extremo del mundo? Están amando a sus vecinos, haciendo discípulos y edificando su congregación y otras iglesias con las que están asociados. Todos estamos haciendo la misma hermosa obra que nos fue dada por el Señor.  

La simple pero importante verdad es que no hay misericordia para las personas que nos rodean, aparte del evangelio. Necesitan una respuesta para su pecado y pan para sus estómagos vacíos. Esta es la misericordia en toda su plenitud bíblica. Nuestra tarea es encontrar los métodos y medios para extenderla a nuestros vecinos, y Dios tendrá misericordia de nosotros mientras intentamos extenderla.


Becky Matthews

Becky Matthews es la directora de Misiones Locales de Christ Covenant Church. Anteriormente sirvió como directora ejecutiva de una organización de apoyo a la alfabetización y ha servido como líder voluntaria de Young Life durante más de una década. Su deseo es capacitar al pueblo de Dios para servir fielmente en su ciudad, hacer discípulos y edificar la iglesia local.

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