No ignores ni idolatres a la Iglesia Perseguida
Una vez escuché la historia de un pastor chino que sufre frecuentes actos de hostigamiento por parte de la policía local. Cuando lo detienen para interrogarlo, usa el viaje a la estación de policía para arrepentirse por querer un estilo de vida cómodo y de clase media que evite el sufrimiento por Cristo.
Las oraciones lo ayudan a enfrentar a sus interrogadores con gracia y amor. Él también es un pecador y sabe que la única diferencia entre él y los que lo persiguen es la gracia de Dios. Él quiere que sus perseguidores vean esa gracia en él.
¡Wao!
Cuando escuchamos historias como esta, nos sentimos conmovidos y reconocemos nuestra propia pequeñez ante la gracia que muestran los que sufren mucha más persecución que nosotros. Admiramos su valentía y resistencia ante el sufrimiento por la causa de Cristo. Y somos movidos a orar e incluso trabajar en favor de ellos.
Sin embargo, en ocasiones podríamos quizás sentirnos tentados a poner a estos creyentes en un pedestal. Idolatrarlos. O al menos, idealizarlos. Los imaginamos como héroes sin fallas ni fracasos en su sufrimiento y en sus vidas cotidianas.
Esto no ayuda.
Aunque es mejor que ignorar su sufrimiento, idealizar a la Iglesia Perseguida no es beneficioso para ellos ni para nosotros. Veamos por qué esto no es lo ideal y cuál debe ser la respuesta apropiada.
1. Idealizar a la Iglesia Perseguida estorba nuestras oraciones por ellos.
En ocasiones olvidamos que los cristianos perseguidos son personas comunes y corrientes. Así como el apóstol Pablo, ellos tienen “por fuera, conflictos; por dentro, temores” (2 Corintios 7:5). No solamente tienen que tratar con las preocupaciones presentes debido a las presiones externas, sino que también tienen que tratar con las amenazas a la unidad interna. Así como nosotros, a veces discuten entre sí. Se lastiman. No se ponen de acuerdo. Los líderes fracasan. Las iglesias se dividen.
Estos creyentes también enfrentan las tentaciones ordinarias de cualquier pecador en un mundo caído. Cualquier pecado con el que luchas en tu propio corazón, ellos también luchan en los suyos. Ellos también han pecado. Ellos también tienen luchas internas que no son visibles al mundo exterior.
Si solamente pensamos en la Iglesia Perseguida como héroes para ser aplaudidos, podríamos dejar de orar por sus necesidades más profundas: la libertad del pecado. Por el fruto del Espíritu. Por el amor de unos para otros. Por la fortaleza y la paciencia con gozo.
2. Idealizar a la Iglesia Perseguida es quitarle la gloria que le pertenece a Dios.
Con frecuencia el apóstol Pablo escribió a los creyentes del Nuevo Testamento sobre los sufrimientos que había soportado por la causa de Cristo. En 2 Corintios 5, incluso hace una lista de ellos. Previamente, en la misma carta, establece con claridad que no quiere que los corintios ignoren las aflicciones que él había experimentado.
Pero no era para exaltarse a sí mismo, sino para glorificar a Dios.
“Fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida… a fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos”, escribió Pablo en 2 Corintios 1:8–9.
Pablo consideró cada triunfo como un testimonio de la gracia de Dios. Y cada prueba como una oportunidad para conocer más profundamente a Dios. Al final de 2 Corintios, Pablo escribió sobre no gloriarse de sus fortalezas sino de sus debilidades, “para que el poder de Cristo more en mí… porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.
No es malo admirar el valor de los cristianos perseguidos, pero es un error no ver la gloria de Dios como el motor y la meta diaria de nuestro servicio a Él.
Hannah Nation, la directora general para The Center for House Church Theology [El Centro Teológico de Iglesias Clandestinas], conoce a muchos cristianos perseguidos en China. Una vez me recordó que a pesar de su sufrimiento, ellos no son los héroes de esta historia. El héroe de esta historia es Cristo. Esta es Su iglesia, y esta es Su obra.
“Creo que podemos ver a las iglesias clandestinas en China, como iglesias que deben ser animadas por lo que el Señor ha escogido hacer en ellas”, declaró Hannah. “Pero la pregunta no es ¿cómo podemos parecernos más a las iglesias clandestinas chinas? La pregunta es: ¿Cómo podemos parecernos más a Jesús?”









