Haciendo discípulos que dan a conocer a Jesús
Tenía 15 años cuando llegué a la fe en Cristo. Tenía mil preguntas, luchaba con muchas inseguridades y no tenía una visión clara del futuro. Un día, un hermano en Cristo se me acercó. Juan era solo unos años mayor que yo, pero tenía una madurez espiritual notable. Inmediatamente me “adoptó”.
Con Juan di mis primeros pasos en el cristianismo: aprendí a compartir el evangelio con otros, a servir en diferentes áreas de la iglesia y la comunidad, y a seguir creciendo personalmente. A lo largo de los años, he tenido otros mentores como Juan, que me han ayudado hasta el día de hoy. Su impacto ha sido más grande de lo que puedo expresar.
El discipulado y la mentoría han sido dos medios ordinarios que Dios ha usado para refinar mi fe, pulir áreas defectuosas de mi carácter y crecer en un amor genuino por el Salvador. Y son fundamentales para todo creyente en Cristo.
Los medios espirituales del discipulado y la mentoría
El discipulado puede definirse, en términos generales, como el proceso de someterse a los medios ordinarios de la gracia: la lectura de la Biblia, la oración y la comunión con otros creyentes en una iglesia local (Hechos 2:42). La mentoría es una relación intencional entre un creyente más maduro y uno más nuevo en la fe. El creyente más joven se beneficia de la sabiduría y el carácter piadoso del mentor, con el objetivo de crecer espiritualmente (Proverbios 27:17). El discipulado incluye la mentoría.
El resultado final del discipulado y la mentoría efectivos es que Cristo brilla con mayor claridad en el creyente.
El resultado final del discipulado y la mentoría efectivos es que Cristo brilla con mayor claridad en el creyente, y el creyente vive como vivió Jesús: despojado de sí mismo y lleno del Espíritu (Filipenses 2:5–7). En resumen, es una vida de amor a Dios y al prójimo que lleva a desempeñar un papel en el cumplimiento de la Gran Comisión (Mateo 28:18–20).
Aquí hay tres maneras en las que el discipulado y la mentoría pueden ayudarnos a hacer discípulos que den a conocer a Jesús en todas partes.
El discipulado y la mentoría muestran el evangelio con claridad
Nuestra mayor necesidad es estar en paz con Dios. Esto solo es posible cuando una persona deposita toda su confianza en Cristo, se arrepiente de sus pecados y se somete a la guía del Espíritu a través de las Escrituras (Romanos 5:1). Un discipulador o mentor eficaz instruye al creyente nuevo en la vida, muerte, resurrección y ascensión de Cristo, y en lo que esto significa para la vida diaria. De esta manera, el creyente crece en su conocimiento del evangelio y a la imagen de Cristo.
El discipulado y la mentoría revelan nuestra necesidad de consejo sabio
La vida es como pilotear un avión a 30,000 pies de altura: cualquier decisión equivocada puede traer peligro. De manera similar, el pecado nos vuelve torpes y frágiles. Para vivir bien, necesitamos consejo sabio. El discipulado y la mentoría son medios que Dios ha ordenado para ayudar a un creyente joven a recibir instrucción sabia que le ayude a caminar dentro de la voluntad de Dios—el único lugar que trae verdadera satisfacción y plenitud de gozo (Salmo 1:1–3).
El discipulado y la mentoría proporcionan claridad sobre la voluntad de Dios
Todo hijo de Dios está llamado a usar sus dones y talentos para avanzar el evangelio. Pero, a veces, es difícil saber cómo debemos aplicar eso en nuestra propia vida. El discipulado y la mentoría ayudan a los nuevos creyentes a encontrar la dirección y claridad que necesitan para asumir su papel en la Gran Comisión.
Para llevar el evangelio hasta los confines de la tierra, debemos estar dispuestos a dar y a recibir la instrucción necesaria para ser hacedores de discípulos efectivos.
El libro de Job nos dice: “En los ancianos está la sabiduría, y en largura de días el entendimiento.” (Job 12:12). Todo Timoteo necesita un Pablo. Todo Pablo necesita un Bernabé. Si queremos llevar el evangelio hasta los confines de la tierra, debemos estar dispuestos tanto a dar como a recibir la instrucción necesaria para ser hacedores de discípulos efectivos. Busquemos a aquellos a quienes podamos ayudar a crecer de esta manera. Y busquemos también a quienes puedan ayudarnos a nosotros.
Al hacer esto, cumpliremos la misión que Cristo nos ha dado de enseñar a otros lo que hemos aprendido, y ofreceremos un ejemplo a seguir—mientras seguimos creciendo en la gracia de Dios y en nuestro propio esfuerzo por conocer a Jesús y darlo a conocer.









