¿Cómo abordar la contextualización en las misiones?

¿Cómo abordar la contextualización en las misiones?

La contextualización es un tema controversial en el mundo evangélico. En pocas palabras, la contextualización se refiere al proceso y la práctica de expresar el evangelio y la vida de la iglesia en un nuevo contexto cultural. En tal sentido, la contextualización es algo que todos hacemos.

La contextualización es inevitable

Nosotros no vivimos en el mundo cultural de la Biblia. La cosmovisión de las personas a nuestro alrededor es muy diferente a la cosmovisión de Palestina en el siglo I. Nosotros mismos crecimos como parte de un ambiente que se asemeja poco al de Jesús y los apóstoles. Las personas a nuestro alrededor hacen preguntas diferentes y piensan en categorías diferentes. Incluso en temas de estilo y apariencia, nuestras iglesias no se parecen, ni suenan ni se sienten como las iglesias del Nuevo Testamento.

Nuestros edificios no se parecen en nada a las casas del siglo I (Romanos 16:3-5) o a los edificios públicos (Hechos 5:12, 19:9) donde se reunía la iglesia, y nuestra tecnología sería incomprensible para ellos. La música que entonamos se basa en un sistema tonal diferente al de la música del Medio Oriente del siglo I, y todo sonaría extraño a los apóstoles. (¡Desde su punto de vista, todo lo que cantamos es música cristiana contemporánea!) Nuestros típicos programas en la iglesia—escuela dominical, OANSA (Awana), grupo de jóvenes, solo por nombrar algunos— no existían en la iglesia temprana.

Adoramos en iglesias contextualizadas, ya sea que estemos conscientes de ello o no.

Ejemplos bíblicos de contextualización

Hechos 15 es un ejemplo de la lucha que tuvo la iglesia temprana con el cambio cultural de un contexto puramente judío a uno helenístico a medida que el cristianismo se extendía por el mundo antiguo. El Espíritu Santo los guió a decidir qué cosas eran no negociables y qué cosas se podrían adaptar. 

Asimismo, en 1 Corintios 9, Pablo describe su estrategia de contextualización. Él renunció a sus libertades en Cristo para que lo no esencial no se interpusiera en el camino de la expansión del evangelio. Esta clase de contextualización es buena y necesaria.

Un espectro de la contextualización

Hay un amplio espectro de prácticas que se usan en la contextualización. Cuando los especialistas en las misiones cristianas hablan sobre predicar el evangelio y plantar iglesias en un nuevo contexto cultural, usan una escala para describir los diversos enfoques que se han adoptado a través de los años. Se conoce como la Escala C y va de C1 a C6.

Ninguna adaptación

C1 se refiere a la ausencia total de adaptación. Cuando los misioneros van a un nuevo contexto cultural, reproducen todo lo que hicieron en su propia cultura y adoran en su propio idioma; esto es contextualización C1. Un ejemplo serían las iglesias anglicanas góticas que usan el Libro de la Oración Común en inglés en el sur de Asia (vestigios del dominio colonial británico en esa parte del mundo). O podríamos señalar a iglesias internacionales de habla inglesa en muchos países.

Idioma local

C2 es como C1, excepto que se usa el idioma local en lugar de usar el idioma del misionero. Gran parte de la actividad misionera del pasado correspondía a la categoría C2. Pensemos, por ejemplo, en los que tradujeron nuestros himnarios a otros idiomas, o en los que establecieron programas de educación coral personalizados y otras características de la vida eclesiástica de Estados Unidos y las transmitieron a las iglesias en el campo misionero.

Forma y apariencia

La contextualización C3 está dispuesta a cambiar aspectos de forma y apariencia que se perciben como de poca importancia espiritual. Así, por ejemplo, una iglesia C3 en un contexto musulmán se reuniría en un edificio que se ajuste a los estilos arquitectónicos locales (si tuviera un edificio). Los fieles podrían sentarse en el suelo y los hombres y las mujeres podrían sentarse en lados diferentes del salón de reunión. Los fieles se quitarían los zapatos antes de entrar. La música sería local en estilo y en tonalidad. Estos son solo algunos ejemplos de adaptaciones que entrarían en la categoría C3.

Adaptación de prácticas religiosas locales

La contextualización C4 va un poco más allá y busca incorporar la práctica religiosa local en su expresión del cristianismo al introducir un nuevo significado a estas prácticas no cristianas. Un ejemplo sería reemplazar las celebraciones paganas locales por una celebración cristiana. Otro ejemplo sería tomar el ritual de oración islámico y sustituir el texto islámico original por un texto cristiano, mientras se mantiene el patrón islámico de arrodillarse, inclinarse y estar de pie. La contextualización C4 permanece explícitamente cristiana en cuanto a su identidad, pero toma algunos elementos externos de la tradición religiosa local.

Permanecer dentro de la antigua religión

La contextualización C5, por otra parte, busca expresar la fe cristiana enteramente dentro de la comunidad y la identidad de otra religión. (Por eso, este enfoque a menudo se conoce como un “movimiento interno”) Como un ejemplo, a un musulmán que viene a la fe en Jesús podría instársele a continuar identificándose como musulmán, ir a la oración del viernes a la mezquita y observar los Cinco Pilares del islam y los requisitos básicos de la ley islámica. Ellos (en algunas formas) todavía considerarían el islam como una religión divinamente inspirada, Mahoma como un profeta, y el Corán como un libro divinamente inspirado. Sin embargo, todo esto tendría que completarse con la fe en Jesús.

Permanecer en secreto

La contextualización C6 no es realmente una forma de contextualización. Se refiere a los que profesan la fe en Jesús pero permanecen como creyentes que esconden su fe.

¿Cuál es el mejor enfoque?

¿Cómo decidimos qué enfoque deberíamos tomar? Basado en la enseñanza de las Escrituras, a continuación hay cinco principios para ayudarte a decidir.

1. Adoración prohibida

En ninguna parte de la Biblia se trata una religión no bíblica como una vía aceptable para expresar la fe bíblica. Dios prohíbe estrictamente practicar una religión no bíblica (Éxodo 20:3–6) o incluso adorarlo en formas no autorizadas (Levítico 10:1–3). Cuando la Biblia se refiere a una religión no bíblica, se burla de ella sin piedad (Isaías 44:9–20) o la llama demoníaca (1 Corintios 10:14–22). Muchas agencias misioneras evangélicas conservadoras, entre ellas el International Mission Board, han declarado oficialmente que la contextualización “movimiento interno” (C5) no es bíblica.

2. Adoración prescrita

Gran parte del Antiguo Testamento se centra en la exigencia de Dios de ser adorado exclusivamente en las formas en que Él ha prescrito (Éxodo 20:22–26, 25:9–31:11; Levítico 10:1–3; Jeremías 32:35). Incluso la adoración samaritana del Dios verdadero en el lugar equivocado y la forma equivocada fue condenada (2 Reyes 17:24–41; Juan 4:19–24). Nunca se debe adorar a Dios usando prácticas o formas que Él mismo no ha prescrito.

3. Los derechos espiritualmente neutros

Para el apóstol Pablo, la contextualización significaba renunciar a sus derechos a cosas legítimas para evitar poner obstáculos en el camino del evangelio (1 Corintios 9:1–23). Estas cosas incluían lo que comía o bebía, si estaba casado o no, o incluso si recibía apoyo financiero de las iglesias que plantaba. Cuando él estuvo con los gentiles, renunció a su derecho a hacer valer su herencia cultural judía y vivió como un gentil. Él hizo todo eso para que la ofensa de la cruz fuera central y no se desviara la atención hacia cualquier aspecto espiritualmente neutral de su estilo de vida.

4. La ofensa de la cruz

La cruz es ofensiva (1 Corintios 1:18–26). Y así debe ser. El propósito de la contextualización no es hacer que el evangelio sea cómodo. Un evangelio cómodo no es el evangelio bíblico. El propósito de la contextualización es dar visibilidad al evangelio. Debe eliminar cualquier distracción innecesaria que pueda desviar la atención y no se ponga donde debe estar: el Cristo crucificado y resucitado.

5. Los límites bíblicos

Hay límites para la contextualización. Los apóstoles nunca incorporaron prácticas inmorales o idolátricas en las iglesias que plantaron. Tampoco permitieron que la sabiduría convencional o la filosofía de la época distorsionara la cosmovisión bíblica. Donde la Biblia les daba un mandamiento o prohibición, el asunto quedaba resuelto. La contextualización nunca tuvo precedencia sobre las Escrituras.

Fieles a la Biblia y fructíferos en la tarea misionera

Con estos principios en mente, la contextualización C3 está más en consonancia con la práctica bíblica. Los misioneros evangélicos comprometidos están divididos sobre varias prácticas de la C4, pero muchos afirman que alguna medida de adaptación podría entrar dentro de los lineamientos bíblicos.

El evangelio debe proclamarse en el idioma que las personas entienden, y nuestras presentaciones de este deben abordar los temas de las cosmovisiones que impiden que las personas lo entiendan con claridad. Al mismo tiempo, no tenemos la libertad de diluir o suavizar el mensaje del evangelio para evitar ofender a la gente. Tampoco podemos añadir o restarle al mensaje para hacerlo más aceptable en cualquier contexto cultural.

La iglesia debe hacer las cosas que la Escritura le dice que haga y adoptar las estructuras que la Escritura prescribe para ella. Al mismo tiempo, tiene toda la libertad de utilizar estilos de música, arquitectura, asientos, vestimenta o cualquier otra cosa que sea espiritualmente neutra, para ser consistente con la cultura local. Esta es la contextualización que es fiel a la Biblia y que es fructífera en la tarea misionera.


Zane Pratt

Zane Pratt sirve como profesor asociado en el Southern Baptist Theological Seminary y como vicepresidente de Capacitación Global del International Mission Board de la Convención Bautista del Sur.

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