Un Adviento para las naciones
Nota del editor: Este artículo es un extracto del nuevo libro de David Platt, El nombre de Jesús (inglés), que incluye una guía para orar por las naciones durante el Adviento.
“En aquel día se alzará la raíz de Isaí como bandera de los pueblos; hacia él correrán las naciones, y glorioso será el lugar donde repose.”
– Isaías 11:10 (NVI)
¿Qué significa que Jesús sea la “bandera de los pueblos”? Para ayudar a responder esa pregunta, imagina la ceremonia de apertura de unos Juegos Olímpicos. Miles de personas miran en persona, junto con millones más detrás de las pantallas, mientras los atletas entran al estadio caminando detrás de la bandera de su país.
Mientras las multitudes los animan, la alegría se refleja en los rostros de los atletas olímpicos que representan a sus respectivas naciones. Finalmente, todos se reúnen bajo una sola bandera olímpica con anillos que representan los colores de las banderas de todos los países que se unen para esta competencia.
Con esta imagen en mente, ahora imagina la manera en que la Biblia habla de cómo la humanidad está compuesta de naciones o pueblos (vemos ambos términos en Isaías 11:10). Cada uno de nosotros pertenece a un grupo étnico distinto, o grupo de personas, con el que compartimos idioma y características culturales comunes.
Esto es más específico que incluso nuestro propio país, porque la mayoría de los países están compuestos por diversos grupos étnicos. Algunos investigadores estiman que hay más de 16.000 grupos étnicos distintos en el mundo.
Al igual que esos atletas olímpicos que representan a su nación, es bueno y correcto estar orgulloso de tu trasfondo étnico y del grupo étnico al que perteneces. Nuestras diferencias muestran hermosamente la creatividad de nuestro Creador, y nuestras historias dan testimonio de la gracia de Dios a través de quienes nos precedieron.
Ahora imagina una escena en la que personas de cada grupo étnico en la historia del mundo entren corriendo a un solo lugar y se reúnan bajo una sola bandera que representa la belleza y la gloria de todas las naciones. Esa bandera es Jesús. Él es el único Salvador que puede liberar a cualquiera, de cualquier grupo étnico, de su pecado, y es el único Rey en toda la historia digno de la adoración de cada nación.
No es sorpresa, entonces, que inmediatamente después de que Jesús nace, unos sabios —funcionarios bien respetados, de alto rango, con poder e influencia— de entre las naciones vengan a postrarse ante Él con ofrendas extravagantes.
Es un anticipo de la ceremonia definitiva por venir en el cielo, cuando hombres y mujeres de toda nación se reunirán alrededor de Jesús como la bandera de los pueblos, tal como Dios prometió en Isaías 11:10.
REFLEXIONA
¿Qué nos dice del carácter de Jesús el hecho de que será adorado no solo por algunos grupos étnicos, sino por todas las naciones? ¿Cómo afecta eso la manera en que ves —y actúas hacia— personas de distintos grupos étnicos?
ORA
Alaba a Jesús como la bandera de todos los pueblos, ora para que la salvación se extienda en países específicos que vengan a tu mente y ora en particular por más de 35 millones de personas del pueblo Xiang Han de China que aún no han sido alcanzadas con la buena noticia de que Jesús es el Salvador y Señor de todas las naciones.









