La iglesia no es solo una idea de “Occidente”

La iglesia no es solo una idea de “Occidente”

Me senté en el aula con unos sesenta cristianos que estaban preparándose para ofrecer sus vidas como sacrificios vivos para Jesús en el campo misionero (Romanos 12:1). El maestro que dirigía la sesión de capacitación estaba enseñando sobre “una comprensión equilibrada y bíblica de la contextualización”. Una enseñanza muy necesaria para futuros misioneros. Mientras estaba sentado junto con los demás compañeros, me encontré asintiendo y ofreciendo “aménes” en mi corazón. Pero justo cuando la clase estaba terminando, de manera inesperada el maestro comenzó a hablar en contra del sistema de gobierno congregacional.

El maestro afirmaba que “esta forma de gobierno eclesiástico es simplemente un intento que hacen los cristianos estadounidenses de relacionar la democracia con la Biblia”. No podía creer lo que estaba oyendo. En la mente de este maestro, la forma de gobierno congregacional era democracia, y la democracia era una idea estadounidense.

En otra ocasión, estaba hablando sobre el evangelio a un compañero de trabajo que me dijo que no podía creer en Jesús porque el cristianismo era “una religión del hombre blanco”. Me sorprendió su afirmación, considerando que ni Jesús ni nadie más en la Biblia son blancos, y que la gran mayoría del cristianismo floreció y se desarrolló fuera de Europa.

Sospechas de una comisión de Occidente

Hay una ligera sospecha entre los cristianos occidentales de que cualquier práctica dentro del cristianismo occidental debe ser exclusiva del cristianismo occidental. Dicho de otra manera, muchos cristianos occidentales suponen erróneamente que mucho de lo que practica el cristianismo en occidente debe haberse originado en occidente. Y esta ligera sospecha está teniendo un impacto real en la forma de hacer misiones.

Muchos cristianos occidentales tienen miedo a una “nueva ola de colonialismo”, porque los misioneros, los trabajadores y las organizaciones occidentales al tratar de alcanzar a las naciones con el evangelio terminan—quizás inadvertidamente, o quizás no—colonizando a las naciones con expresiones del cristianismo que son exclusivamente occidentales. Tristemente, debemos admitir que hay historias trágicas de esfuerzos misioneros occidentales donde esto ha sucedido.

Sin duda deberíamos lamentar y aprender de los errores de algunos de los misioneros que nos precedieron. Pero podríamos correr el riesgo de corregir en exceso. Es muy posible que tengamos tanto miedo de colonizar a las naciones con ideas occidentales del cristianismo que comencemos a agrupar falsamente dentro de la categoría de “occidental” a muchos conceptos bíblicos antiguos y que no son occidentales. Dicho de forma más sencilla, podemos correr el riesgo de arrojar el trigo junto con la paja. Gran parte de lo que los cristianos occidentales recelosos consideran como “cristianismo occidental” es en realidad preoccidental y, por lo tanto, no occidental.

Evidencia de una comisión de la iglesia

Un ejemplo de “arrojar el trigo junto con la paja” es que algunos que hablan sobre misiones tratan de restarle importancia a la iglesia local. Así como el maestro que piensa que la forma de gobierno congregacional es exclusiva de los Estados Unidos, o el compañero de trabajo que piensa que el cristianismo es producto de la cultura blanca europea, muchos cristianos occidentales recelosos dan por sentado que un énfasis en la iglesia local en las misiones es una idea particularmente occidental o estadounidense. Ellos no podrían estar más equivocados.

La iglesia local no la inventaron los congregacionalistas ni ninguna otra tradición o denominación. Fue instituida por Jesús. El mandato de plantar iglesias no es una estrategia occidental en las misiones; es lo que entendieron los apóstoles como las últimas órdenes de Jesús.

¿Qué dice la Biblia sobre la iglesia?

Consideremos lo siguiente:

  • Jesús da por sentado que Sus seguidores se reunirán como una iglesia (Mateo 18:17, 20).
  • En Hechos, siempre que el evangelio se propagaba y la gente era salva, se formaban iglesias de manera espontánea (ver: todo el libro de Hechos).
  • Pablo consideró que su misión no estaba terminada en una ciudad o región hasta que no hubiera allí una iglesia bien ordenada (Tito 1:5).
  • Hay 34 iglesias locales registradas por nombre en el Nuevo Testamento. 
  • Gran parte de la obra misionera de Pablo se dedicó al fortalecimiento de las iglesias que había plantado previamente en sus esfuerzos misioneros (Hechos 18:23).
  • Casi todas las instrucciones éticas y teológicas en las epístolas del Nuevo Testamento deben entenderse en el contexto de la iglesia local (1 Corintios 11:20, 14:26; Colosenses 3:16, etc.).
  • El apóstol Pablo da por sentado que la autoridad de Jesús, que ascendió a los cielos, se ejerce ahora a través de la iglesia local (1 Corintios 5:4–5).

¿Lo ves? Jesús no salva a las personas y las coloca en un tubo sellado al vacío que va directamente al cielo. Más bien, nos salva para ser parte de un cuerpo (1 Corintios 12:13); una familia (Efesios 2:19); una congregación (Hebreos 12:23). A la que también se denomina iglesia (Filipenses 1:2; 4:15; Santiago 5:14; etc.).

Un ejercicio mental

He intentado mostrarte, desde la Escritura, que un énfasis en la iglesia local no es un concepto occidental. Es un concepto bíblico. Pero pienso que ya has entendido eso de manera intuitiva. Para mostrarte lo que quiero decir, me gustaría invitarte a hacer un pequeño ejercicio mental conmigo.

Digamos que un día vas al campo misionero y predicas el evangelio entre los no alcanzados. Pasas, digamos, 20 años trabajando con fidelidad para Jesús a través de los altibajos de la vida en el campo misionero. Y digamos que después de 20 años de trabajo agotador, el Señor empieza a bendecir tu trabajo con conversiones. Quizás 20 personas profesan la fe en Cristo y reciben el bautismo en el pueblo donde has estado predicando. ¿Qué harías con esos 20 cristianos?

¿Les dirías que siguieran a Jesús cada quien por su cuenta? ¿Solamente que recuerden leer sus Biblias en la mañana, que oren en privado a lo largo del día, y que entonen cantos en sus corazones mientras caminan a lo largo del sendero? Claro que no.

Salvo para ser parte de una familia

Les dirías que han sido salvos y que ahora pertenecen a una familia, a una comunidad, a un cuerpo. Los animarías a que todos juntos sigan a Jesús (1 Tesalonicenses 5:11); a estimularse unos a otros a las buenas obras (Hebreos 10:24); a tener comunión los domingos y partir el pan (Hechos 2:42); a llorar con los que lloran y gozarse con los que se gozan (Romanos 12:15). También les dirías que se enseñen unos a otros, hablando la verdad en amor, para la edificación del cuerpo de Cristo (Efesios 4.15).

Los llamarías a someterse unos a otros, a soportarse unos a otros y a amarse unos a otros. Y, sin duda, los animarías a que cada uno use sus dones para el bien de los demás (1 Corintios 12:7). Les dirías que Dios los manda a adorar juntos para poder perseverar en la fe (Hebreos 10:25). Les dirías que necesitan el ministerio de pastores y diáconos que les enseñen cómo glorificar a Jesús, como un cuerpo con una sola mente (1 Timoteo 3:1-18). Y también les dirías que deben adorar al Señor con todo su corazón, junto con la congregación de Dios (Salmos 111:1).

En pocas palabras, los llamarías a ser una iglesia local.

Y tendrías razón al hacerlo así, porque es en la iglesia local que “la infinita sabiduría de Dios” se da a conocer “a los principados y potestades en los lugares celestiales” (Efesios 3:10). Esto no es una idea de Occidente.


Sean DeMars

Sean DeMars está casado con Amber, es padre de Patience e Isabella y es pastor de Glory Community Church en Decatur, Alabama. Anteriormente sirvió entre grupos de personas no alcanzadas en Perú.

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