¿Por qué plantar una iglesia en una ciudad llena de iglesias?
Nuestra iglesia cumplirá cuatro años dentro de pocas semanas. Para un par de cientos de personas que sirven semana tras semana, no hay duda de que la gracia de Dios está con nosotros de una manera muy especial. No lo damos por sentado y nos presentamos delante del Señor antes de cada reunión para poder servirle en Sus planes de alcanzar y transformar a la gente de Santo Domingo.
Sin embargo, esta es una oración que hace cinco años habría sonado imposible para mí, cuando tenía todo preparado para estar en cualquier lugar menos aquí. Yo estaba convencido de que esta ciudad tenía suficientes iglesias y que yo debía estar en otra parte. Déjame mostrarte cómo el Señor nos convenció, con la esperanza de servirte mientras buscas seguir Su voluntad para tu vida.
EL MOMENTO OPORTUNO
Sentí por primera vez el llamado a plantar hace más de una década y mi esposa y yo nos pusimos manos a la obra de inmediato. Oramos, investigamos y nuestros pensamientos nos llevaron a un país específico y a dos posibles ciudades. Pasamos un tiempo trabajando con iglesias allí y comenzamos a planear nuestra mudanza.
Y entonces el Señor cerró la puerta.
Por medio de la adversidad y de nuevas oportunidades, nos dejó claro que no debíamos salir de nuestro país ni enfocarnos en la plantación de iglesias por el momento. Así que, mientras esperábamos, profundizamos nuestras raíces en nuestra iglesia local, trabajamos en construir relaciones y hacer discípulos, fortalecimos nuestra familia y tomamos decisiones financieras clave. Aunque no era el tiempo de plantar, necesitábamos preparar el terreno.
Esta es una idea clave que con frecuencia necesito recordarles a pastores y plantadores en potencia en todo el continente. Como dijo famosamente Francis Schaeffer: la obra del Señor debe hacerse a la manera del Señor. Hay sabiduría en esperar a que Él abra la puerta—aun cuando no la abra donde tú pensabas.
UN MILLÓN DE RAZONES
Como suele hacer, el Señor usó a nuestros pastores y a nuestra iglesia para hacernos saber que era momento de volver a considerar la plantación de iglesias. Una vez más comenzamos a pensar fuera de nuestro propio código postal y otra vez las puertas no parecían abrirse. Pero antes de apresurar los planes, noté el cambio demográfico sísmico que había ocurrido a mi alrededor mientras yo no estaba prestando atención.
Mientras nos preparábamos y orábamos por otras ciudades y países, nuestra ciudad había aumentado su población en aproximadamente un millón de personas. En ese mismo período, solo se habían plantado unas cuantas iglesias que predicaban el evangelio. La Biblia no te da un promedio de, digamos, 1 iglesia por cada 1000 personas, pero no hay duda de que de 5 a 10 iglesias nuevas por cada millón de almas es muy, muy poco.
Y las nuevas iglesias simplemente son más eficaces para alcanzar a los no alcanzados. Tanto los estudios como la experiencia muestran que los adultos más jóvenes se sienten atraídos por congregaciones nuevas. Una razón importante: a medida que las iglesias envejecen, tienden a solidificar patrones—ritmos de adoración, énfasis en la predicación, cultura de liderazgo—que reflejan los instintos de quienes han tenido influencia y recursos por más tiempo. Esos patrones se vuelven la configuración predeterminada, enredando a las iglesias en luchas que las distraen de la misión y que los de afuera solo escuchan como ruido.
UNA CAUSA MAYOR
El hecho de que nuestra plantación exista en una ciudad que ya contaba con iglesias establecidas que predican el evangelio (incluyendo la iglesia que nos envió) nos permitió enfocarnos en alcanzar a los perdidos desde nuestro primer culto. No hay presión, por ejemplo, de complacer a una membresía ya establecida con un estilo previamente definido. Y esto nos permite servir a otras iglesias de nuestra ciudad, haciéndonos nosotros los conejillos de indias.
Sin dejar de estar firmemente anclados en las Escrituras y en los Credos, puedo instruir a nuestra iglesia a experimentar con liturgias, formas y ministerios para llegar a ser «todo, para que por todos los medios salve a algunos… por amor del evangelio, para ser partícipe de él.» (1 Corintios 9:22–23).
Reducir la velocidad y observar con más atención las circunstancias de mi ciudad me ayudó a reconsiderar algunas de mis suposiciones. Al final del día, no necesitamos más edificios de iglesia; queremos dar a conocer el nombre de Cristo en todas las naciones mediante la formación de nuevos discípulos. Y las nuevas iglesias son la manera más eficaz de que eso suceda.
Y siendo completamente honestos, plantar una iglesia siempre te sacará de tu zona de confort, sin importar tu código postal.









