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¿Con qué frecuencia deberían las iglesias visitar a los enviados al campo misionero?

Es una temporada emocionante para tu iglesia. Conoces a una familia que han sido miembros fieles por una década. Tal vez se conocieron y se casaron en tu iglesia. Quizás el ministerio de mujeres les organizó baby showers para sus primeros hijos.

Por obra del Señor, a través de un grupo pequeño, el libro “Alégrense las naciones” despertó su llamado misionero. Asistieron a conferencias, se discipularon con los pastores, se unieron a una organización, eligieron un campo de servicio, y recientemente los despidieron con una hermosa ceremonia. El evento estuvo repleto de lágrimas de alegría.

Luego, llegó el día en el que se embarcaron en el primero de tres vuelos, con sus 12 maletas y dos niños pequeños. Docenas de hermanos de la iglesia llegaron temprano al aeropuerto para despedirlos en su viaje de 24 horas, lejos de todo lo conocido. Los viste pasar por seguridad al partir rumbo al campo misionero.  ¿Y ahora qué?

Como iglesia que envía, seguramente una preocupación apremiante al enviar a algunos de sus miembros al campo misionero es cómo cuidar a esta querida familia. Quieren saber cómo están, tal vez programan llamadas telefónicas regulares, se ora por ellos en grupos pequeños y en los cultos dominicales. Quizás un equipo misionero envía un paquete anual de apoyo.

Pero, ¿cómo deben pensar los pastores acerca de visitar a los misioneros? ¿Con qué frecuencia? ¿Hay una fórmula infalible? Creo que hay tres principios que las iglesias deben considerar para responder a esta pregunta. 

1. Tengan cuidado de no distraer a los misioneros de su labor

Algunos misioneros ya reciben a muchos invitados, y visitas oficiales frecuentes pueden ser más molestia que ayuda. Algunos tienen padres o abuelos a quienes les encanta visitarlos. Otros están en zonas muy concurridas donde todos creen ser los visitantes especiales.

Sin embargo, si todos piensan que su corta “visita” de tres días es única, cuando en realidad es la sexta de ese tipo en el año, esencialmente se está sacando al misionero de su labor y convirtiéndolo en un guía turístico. Entiende que decir “no” a una visita (muchas veces, de alguien desconocido) es muy difícil para un misionero.

Muy pocos “pasan por casualidad” por la República Democrática del Congo. Pero, si el misionero vive en Londres, Estambul, Nairobi, Singapur o Dubái, es posible que haya muchas personas de su iglesia o círculo social viajando por negocios, ministerios o vacaciones, y quieran visitarlos. 

2. Permitan que los misioneros decidan cómo se desarrollan las visitas

Un punto clave es preguntar a los misioneros en el campo qué necesitan. En vez de alejarlos de su trabajo, pregúntenles: “Si los visitáramos, ¿cómo podríamos bendecirlos a ustedes, a su familia y a su obra?” Tengan en cuenta que incluso responder a esa pregunta podría ser difícil para ellos. 

Pueden sugerir algunas ideas a los misioneros, pero ellos son quienes deben decidir y llevar la batuta de la visita.

Podrían ir más allá y tras una llamada y oración, podrían discernir algunas áreas de ayuda. Quizás una familia joven se beneficiaría si alguien cuidara a sus hijos por unos días mientras la pareja celebra su décimo aniversario. O tal vez discernirían que venir a dirigir un campamento de escuela bíblica de verano para los niños del pueblo ayudaría al equipo a integrarse en la comunidad. Pueden sugerir algunas ideas a los misioneros, pero ellos son quienes deben decidir y llevar la batuta de la visita.

3. Asegúrense que los equipos de corto plazo beneficien a los misioneros a largo plazo

Primero, envíen equipos a corto plazo solo si benefician a los misioneros a largo plazo. Hay muchos casos en iglesias bienintencionadas que envían equipos que terminan obstaculizando, e incluso perjudicando, el trabajo de los misioneros a largo plazo. Acepten la posibilidad de no enviar nunca equipos de corto plazo a ciertos lugares. A algunos misioneros les encanta tener visitas, a otros les agota.

Entonces, respondiendo a la pregunta “¿Con qué frecuencia deberían las iglesias visitar a los enviados al campo misionero?” – depende. Aquí algunos principios para guiarte: De seguro no querrán visitar muy seguido ni muy poco. Las visitas deben centrarse en animar a los misioneros. Asegúrense de que sus visitas ayuden a los trabajadores a largo plazo y sirvan para complementar, no complicar, su labor. 

Pueden comenzar con  preguntar a los misioneros qué les sería más útil y escuchar atentamente. A algunos les encantaría una visita anual. A otros les encantará visitas más frecuentes, y para otros será de bendición solo una cada 2-3 años. Sea cual sea la decisión, que las visitas sean intencionales y bendigan a los misioneros en el campo. 

Dave Furman

Dave Furman está casado con Gloria y tienen cuatro hijos. Él es el pastor fundador de Redeemer Church en Dubái y cofundador del Seminario Teológico del Golfo. También es autor de dos libros, “Estar Allí” y “Besa la Ola” (ambos en inglés).

LESS THAN 1% OF ALL MONEY GIVEN TO MISSIONS GOES TO UNREACHED PEOPLE AND PLACES.

That means that the people with the most urgent spiritual and physical needs on the planet are receiving the least amount of support. Together we can change that!