Sesión 4: Cristo y el Reino de Dios - Radical

Iglesia Secreta 2: El Nuevo Testamento

Sesión 4: Cristo y el Reino de Dios

¿Qué tiene que ver Cristo con el Reino de Dios? ¿Por qué es tan importante que Cristo inaugure un nuevo Reino? En esta sesión de Iglesia Secreta 2, el pastor David Platt enseña a los cristianos lo que la Biblia dice sobre el Reino de Dios. Nos recuerda que el Reino de Dios no existe para nosotros, sino que existimos por el bien del Reino.

  1. El Evangelio del Reino
  2. La misión del Reino
  3. La esperanza del Reino

Debemos estudiar con más profundidad el resto del cuadro completo: El Reino de Dios, la historia detrás del Reino de Dios en el Nuevo Testamento. Observe los Evangelios. Ya hemos observado el Evangelio del Reino, que El Rey ha llegado y que el Rey ha vencido. Basado en todas estas cosas, quiero hacerle una pregunta: ¿Ha aceptado usted al Reino? Antes de que usted me responda, quiero que veamos los que significa “aceptar al Reino”. ¿Ha aceptado o recibido usted el Reino? ¿Qué significa esto? Bueno, hay dos cosas que debemos tomar en cuenta. El Reino es un regalo. En las enseñanzas de Jesús en el Nuevo Testamento, el Reino es mencionado como un “regalo” varias veces.

El Reino de Dios

Primero, el Reino de Dios es un regalo presente y futuro. El Reino de Dios, en el Nuevo Testamento, es un regalo presente y futuro. Es decir, es un regalo hecho realidad en el presente y en el futuro. Muchas veces pensamos que el Reino de Dios es algo que esta por venir. De hecho, es algo que esta por venir, pero también es algo que esta disponible ahora mismo. Esto es lo que Jesús enfatizó una y otra vez. En Lucas 17 versículos 20-25, Jesús le dice a los Fariseos a quienes enseñaba: “Porque he aquí el Reino de Dios está entre vosotros”. Luego les habla acerca de la Venida del Hijo del Hombre. En Mateo 5:3-10, nos da las beatitudes, comenzando por “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el…” ¿Qué? “El Reino de los cielos”. Luego, a mitad de las beatitudes, Jesús dice: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”. En las beatitudes se hace un énfasis especial sobre el futuro. Luego en el versículo 10 Jesús dice: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos”. El Reino de Dios es un regalo presente y futuro.

El Reino de Dios también es un regalo gratis. Lucas 12:32 dice: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino”. A Dios le place darnos el Reino.

El Reino de Dios es un regalo dado por gracia

En tercer lugar, el Reino de Dios es un regalo dado por gracia. Esto lo dice Lucas 10:21 cuando Jesús decía: “Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó”. Pero, el Padre encontró placer en dárnoslo a nosotros. Dios se regocija en mostrarnos Su Reino, Su grandeza y Su misericordia. Es un regalo dado por gracia.

En cuarto lugar, es un Regalo de alto valor. Mateo 13:44-46 nos da dos ilustraciones del Reino. Es como un tesoro en un campo, que al encontrarlo, vendemos todo lo que tenemos porque queremos ese regalo. Es como perlas preciosas, que al vender todo, debemos obtenerlo. Este regalo lo vale todo. Vale la pena perderlo todo por el Reino de Dios. Esto es lo que dice el Nuevo Testamento acerca del Reino de Dios

Finalmente, el Reino de Dios es un regalo eterno. Marcos 10:31 habla acerca de una conversación que tuvo Jesús con un joven rico. En el versículo 17 Jesús habla acerca de la vida eterna. “¿Qué debo hacer para obtener la vida eterna?” Luego, Jesús nos dice lo que ocurre cuando entramos en el Reino de Dios. Es un regalo eterno. El Reino de Dios no es sólo un regalo para el presente, sino también para el futuro. El Reino lo recibimos como un regalo. Dios es quien nos lo da.

Nosotros somos parte de este regalo

Es curioso notar, también, que nosotros somos parte de este regalo. Hay dos formas en las que podemos ver esto. Primero, involucra un cambio radical de nosotros hacia el Rey. El Arrepentimiento es el tema principal del Reino. ¿Por qué? Porque uno debe darle la espalda a todos los reinos de este mundo y sólo servir al Reino de Dios. Arrepentirse, es reconocer el reinado de Jesucristo en nuestra vida por sobre todas las cosas. Sólo Él es el Señor.

Esta es la razón por la que, incluso después de los Evangelios, notamos frases como: “Si confesamos con nuestra boca que Jesús es el Señor y creemos en nuestro corazón que Dios le levantó de entre los muertos, seremos salvos”. Hechos capítulo 2 versículo 36, en el primer sermón Cristiano, Jesús es exaltado como Señor y Cristo. Luego Pedro dice, “Arrepiéntanse y créanme”. Veamos a Cristo como el Señor. Veamos a Cristo como el Rey. Muchas veces nos olvidamos de esto por la manera como hablamos de la salvación. Por lo general, pensamos que la salvación es un simple acto de invitación a Jesús en nuestra vida y pedirle que nos perdone.

Por supuesto, estas son partes cruciales de la salvación, pero sólo esto no es lo que nos trae salvación. En ningún lugar, en los Evangelios del Nuevo Testamento, vemos que la gente venía a Jesús para pedirle perdón por sus pecados y seguían viviendo la vida de la forma que ellos querían. Por lo contrario, rendían sus vidas al servicio del Reino. Por supuesto que debemos pedir perdón por nuestros pecados como parte primordial de nuestra salvación. Pero también debemos estar sujetos al Rey. Debemos someter nuestras vidas al Rey. Muchos de nosotros somos como lo describía Dallas Willard, que decía que “somos culpables de ser Cristianos Vampiros, queriendo sólo un poco de la sangre de Jesús, pero no lo suficiente como para ser sus estudiantes y tener Su Carácter. De Hecho, déjame tranquilo con mi vida, y nos vemos en el cielo”. Que Dios nos ayude a no vivir apartados del Reino Suyo. Debemos dar un giro en nuestras vidas y someternos al Rey.

Una confianza radical en el Rey

En segundo lugar, significa una confianza radical en el Rey. Mateo 18:2-4 habla de cómo los niños venían a Jesús, añadiendo: “Si alguno de vosotros quiere entrar al Reino, debe hacerlo como uno de estos niños”. Jesús se refiere a que debemos tener la simplicidad de un niño, pero no la simplicidad que dice: No necesito conocer muchas cosas. Muchas veces decimos: como soy Cristiano, puedo darme el lujo de no profundizar en la Palabra de Dios porque ya lo que necesitaba (la salvación) lo tengo.

Pero esto no es lo que requiere el Señor de nosotros. El reto del Nuevo Testamento es que podamos conocer la Palabra de Dios con la simplicidad que tiene un niño con su padre al aprender de él. No se trata de ser inmaduros en la fe, sino de tener una confianza completa y plena en el Padre. Mientras más estudiamos el Nuevo y Antiguo Testamento, vamos nutriendo esa confianza plena y completa en el Padre. Así que nuestra meta no es ser inmaduros en la fe, sino confiar completamente en Cristo. El Evangelio nos exhorta a confiar en Él con todo nuestro ser y con toda nuestra vida.

Es una transformación radical por medio del Rey

Finalmente, es una transformación radical por medio del Rey. Cuando Su Reino se vuelve una realidad en nuestra vida y comienza a penetrar cada área y faceta de ella, esa transformación comienza a tomar lugar. Su Reinado debe verse en nuestras vidas, ya sea que estemos en nuestra casa o en nuestro trabajo. Cada cosa que hagamos debe ir dirigida a que el Reino de Dios, Su poder, Su dominio y Su señorío, invadan cada área de nuestras vidas. La vida Cristiana no se encierra en una transformación sólo en algunas áreas de nuestra vida. Él debe ser el Rey sobre todas las cosas en nuestra vida y Él es quien debe transformarnos completamente para darse a Sí mismo la Gloria por ello. La belleza del Reino de Dios es que tu vida en el trabajo, en la escuela o en casa, sea vivida para el Reino. Dios quiere ser glorificado a través de la forma en que tu trabajes, vivas, te expreses y convivas. En todas estas cosas, Él debe ser el Rey. ¿Cómo se lleva a cabo esta transformación?

Asimilando las Enseñanzas del Rey…

Asimilando las Enseñanzas del Rey. Juan 8:31-36 habla acerca de la libertad que viene cuando pertenecemos al Reino. ¿Cómo viene esta libertad? “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Sólo si conocen Mis enseñanzas, conocerán la verdad. Somos estudiantes del Rey. ¿Por qué razón nos reunimos a estudiar la Palabra de Dios? Porque al hacerlo, estamos escuchando las enseñanzas del Rey. Somos Sus estudiantes. Sus aprendices. Debemos escuchar Su Palabra. Debemos asimilar las enseñanzas del Rey.

No sólo debemos asimilar Sus enseñanzas, sino que también debemos encarnar el carácter del Rey. Juan 14:15-21 comienza diciendo: “Si me amáis, obedeced mis mandamientos”. De esta misma forma termina también. A mitad de estos versículos, Jesús también dice: “El Padre está en mi, y yo en vosotros, y vosotros en mi”. Debemos encarnar el carácter del Rey. El propósito de las enseñanzas del Rey es transformar nuestro carácter al Suyo. Esta es la razón por la que debemos conocer Su Palabra, y esa es la razón por la que la Palabra debe ser el centro de la Iglesia, pues, sólo a través de ella, vamos a ser conformados a la imagen de Cristo y a Su carácter. La Palabra de Dios es la avenida o el canal por el cual esto es posible. Por lo tanto, Su Palabra no son simples historias y cuentos que debemos escuchar para entretenernos. Es la Palabra de Dios la que necesitamos, pues sólo ella tiene el poder para transformar nuestro carácter para ser más como el del Rey. Debemos encarnar el carácter del Rey.

Experimentamos el poder del Rey

En tercer lugar, experimentamos el poder del Rey. En Lucas 10:8, Jesús envía a 72 personas a una misión, y quiero que note lo que Jesús les dice: “En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante; y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios”. Veamos que aquí vemos a Jesús enviando a varias personas. Primero vemos a Jesús sanando a las personas, pero ahora le dice a estos que envía, que vayan y que hagan lo mismo.

Así que eso es exactamente lo que ellos hicieron y volvieron. Mire bien lo que dice luego el versículo 17-20 “Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos”. El estaba transfiriendo Su autoridad. ¿Cuál era la razón principal de hacer milagros? Poner a Dios sobre el reinado de nuestra personalidad en nuestra vida. El Rey ha llegado.

Cuando Él transfiere Su autoridad, estas personas comenzaban a ver que todos los demonios se sometían a ellos y por esta razón se emocionaron. Y Jesús les dice: ¡Que Bueno! Les he transferido mi autoridad, pero no olviden el por qué. Les he transferido mi autoridad para que ustedes pertenezcan al reino y para que otros sean llevados al Reino. Luego en Juan 14:12 Jesús dice estas palabras: “Cosas mayores a las que yo he hecho, haréis vosotros en los postreros días”. ¿Qué piensa usted sobre esto? Jesucristo, quien comenzó a hacer todas estas cosas, llega al final y dice que ellos harán cosas aún más grandes. ¿Cómo podemos hacer nosotros cosas mayores?

La iglesia tiene la autoridad de salir y proclamar el Reino a los hombres y las mujeres, a los niños y niñas en todas las naciones, a quienes la Biblia promete vendrán al Reino de Dios. Esta autoridad es suprema y es un gran privilegio que se nos ha dado para formar parte del Reino que hace cosas mayores que las que Jesús mismo hizo mientras estaba en la tierra, porque es Él quien las está haciendo ahora a través de cada uno de nosotros quienes confiamos en Él. Experimentamos el poder del Rey.

Nos sumamos a la misión del Rey

Finalmente, nos sumamos a la misión del Rey. Esto lo vemos bien en el tema de la Gran Comisión en Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

El Evangelio del Reino

Hemos visto, entonces, el Evangelio del Reino: El Rey ha venido, y el Rey ha Vencido. La pregunta es, ¿ha aceptado usted al Reino? ¿es el Reino una realidad en su vida? ¿Está usted sometido a Cristo? Si no es así, le ruego que examine su vida y la rinda al Reino de Dios. Esto es lo que Jesús nos enseña. ¿Ya recibió al Reino? ¿Puede evidenciarse Su reinado en cada faceta de su vida?

Luego de Cristo, llega la iglesia, y esto lo vemos a partir del libro de Hechos: La misión del Reino. Quiero que observemos cómo comienza el libro de los Hechos. El Hechos 1 ya Jesucristo había muerto en la cruz y resucitado. Hechos 1:6 dice: “Los que se habían reunido…” Esto se refiere a los Discípulos y a Jesús. Obviamente, Judas ya no estaba con ellos. “Le preguntaron: ¿restaurarás el…” ¿Qué? “… reino a Israel en este tiempo? Ellos pensaron: Ya estamos resueltos.

Muy bien. ¿Cómo va a ocurrir esto? “Él les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. ¿Puede ver usted lo que se esta mostrando aquí?  Estas personas aún estaban pensando que el Reino se les iba a mostrar de la forma en la que ellos esperaban. Es decir: Ya que resucitaste, ¿vas a restaurar el Reino a Israel? Jesús les dice: NO. No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y la fecha.

Pero lo que sí les dice es que hay MUCHO trabajo por hacer. Así que lo que haré es darles Mi Espíritu para que vayan a todas las naciones, y darán a conocer mi reino. Serán testigos de Mi Reino en Jerusalén y Judea y Samaria y hasta lo último de la tierra. Esta es la inauguración de la iglesia dentro del Reino. Así que quiero que pensemos en el Rey. Una vez dicho esto, Jesús ascendió a los cielos mientras estos hombres aún estaban atónitos. Muchos se preguntaban: ¿Qué debemos hacer ahora? El hecho de que el Rey haya ascendido no significaba que el Rey ya quedaba fuera de escena. El Rey ha llegado. El Rey ha vencido.

El Rey está en Control

La primera verdad bajo la misión del Reino es que: El Rey está en Control. Vemos que Jesús ascendió al cielo, pero quiero que observe algunas cosas de Jesús, aún estando Él en el cielo. Primero que todo, Jesús tenía un plan. Este plan debe ser estudiado de diversas maneras. Su plan nunca falla. El plan que tenía nunca fallaría. Permítame mostrarle esto. En su guía de estudio hay algunos versículos escritos allí. Las citas Bíblicas que allí se encuentran, utilizan la misma palabra Griega, aunque en Español estén traducidas de diferentes maneras. Todas ellas hablan acerca de cómo ciertas cosas debían ocurrir, o de cómo ciertas cosas eran necesarias para que algo ocurriera. ¿Por qué era esto necesario? ¿Por qué tenía que suceder esto? Bueno, porque lo que se nos muestran aquí no son simples cosas que ocurrían al azar.

En Hechos 1 el lema principal se encuentra en diferentes pasajes. Mire lo que dice Hechos 1:15 “En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo: Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas…” Luego en el versículo 21 dice: “Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros…” Luego en el versículo 23 del capítulo 2 dice: “a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole…” Era el propósito de Dios que estas cosas acontecieran.

Luego en el capítulo 3 versículo 12 dice: “Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste? Nosotros no lo hicimos. Esto tenía que acontecer. Dios es quien está detrás de todo esto. Mire lo que dice el capítulo 4:21. “Ellos entonces les amenazaron y les soltaron, no hallando ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo que se había hecho…” Lo que vemos, es que en el libro de los Hechos presenta eventos que ocurrían por un propósito. El plan de Dios nunca ha fallado ni fallará. También quiero que veamos estos aspectos de diferentes maneras.

Jesús planificó ir  a la cruz. No podemos pensar que la cruz fue un accidente, como si a Dios lo tomaran cosas por sorpresa. El plan de Dios desde el principio era el de la cruz. En Hechos 2:23, el versículo que acabamos de leer, dice que Dios tenía el propósito de llevar a Cristo a la cruz. Era el propósito de Dios y también la decisión de las personas, llevarlo a la cruz.

La soberanía de Dio

Así que la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre por lo que ocurrió, de alguna forma, van de la mano. En nuestros días, tratamos de debatir sobre este tema muchas veces, pero la verdad es que tanto el propósito como la responsabilidad están en la Escritura. Esto también se puede ver en el capítulo 4, cuando los Cristianos oraban en medio de la persecución. El versículo 27 dice: “Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel…” Ellos conspiraron. Luego en el versículo 28 dice: “para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera”. La Soberanía de Dios, Su plan y la responsabilidad del hombre van de la mano.

No me pregunten cómo. No lo sé, pero van de la mano. No van en contra de sí. De alguna forma, ambas cosas encajan en la Escritura. Dios tiene un plan. Jesucristo planificó ir a la cruz. Todos los versículos del Evangelio de Lucas hablan de cómo Jesús había planificado venir para luego ir  a la cruz. Lucas 9:51 dice: “Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén”. Juan 10:18 dice: “Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre”. Jesús planificó ir a la cruz. Esta idea es parte del diseño completo de Cristo.

No sólo Jesús planificó ir a la cruz, sino que también planificó resucitar de la tumba. ¡Que gozo es saber que este también era parte de Su plan! Hechos 2:24 dice: “al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella”. Luego el capítulo 13 dice lo mismo. Jesús planificó ir  a la cruz y planificó resucitar de la tumba.

También planificó enviar a Su Espíritu. En Hechos 2, cuando el Espíritu de Dios desciende, en los versículo 1-4, especialmente, vemos el plan de Dios puesto en marcha. Él dice: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados…”  Ezequiel 37:9-14 habla de que el Espíritu de Dios vendría sobre las personas y esta es precisamente la escena que se nos presenta en Hechos 2.

Luego sigue diciendo: “y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos”. En Éxodo 31 vemos un escenario similar sobre la Palabra de Dios. En ese día, 3,000 personas murieron en Éxodo 31. Pero lo interesante de Hechos 2, es que ese mismo día unas 3,000 personas vinieron a los pies de Cristo. Vemos un revés completo en comparación con ese escenario de Éxodo. Luego, en Éxodo 2:4 vemos que dice: “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”.

En Génesis 11, debemos recordar la crisis que hizo que el pueblo fuera esparcido por todas las naciones debido al juicio de Dios sobre ellos, cuando confundió sus lenguas y los dividió. Cuando el Espíritu de Dios desciende vemos que la unidad de las naciones se hace latente ya que hay sólo un Evangelio siendo predicado en todas estas lenguas. Todo esto que ocurre en el Antiguo Testamento, prepara el terreno para las cosas que acontecen en el Nuevo Testamento en Hechos 2. Dios planificó enviar a Su Espíritu a Su manera y en Su tiempo. Todo esto formaba parte de Su plan divino. Dios planificó ir a la cruz, resucitar de la tumba y enviar a Su Espíritu.

Dios también planificó llevar a todas las naciones a Sus pies. Mateo 10:5 y 6 y Mateo 15:24 hablan de la forma en que Jesús expresó de que Su venida era para la casa de Israel, para las ovejas perdidas de Israel. Pero luego, al final de Mateo 28:18-20, nos da una ordenanza de ir a todas las naciones para hacer Discípulos en ellas. Todo el escenario se encierra en la forma en que Jesús vino a ministrarle a las ovejas perdidas de Israel para así levantar un ejército de valientes que salieran a todas las naciones a predicar el Reino de Dios. Todo esto nos revela que Dios tenía un plan preparado de antemano. Aún luego de la ascendencia de Jesús a los cielos, vemos la soberanía y control de Dios sobre todas las cosas. Aquí vemos como todas las cosas eran ejecutadas de acuerdo a Su plan.

No sólo tenía un plan, sino que tenía el poder para cumplir con ese plan. Su autoridad no puede ser detenida. Daniel 7:13-14 habla de un venidero “Hijo del Hombre” el cual tendría dominio soberano sobre toda nación, tribu y lengua. Esta es la profecía del “Hijo del Hombre” que se encuentra en el libro de Daniel. Cuando Jesús resucitó y les dio la gran comisión a Sus Discípulos en Mateo 28, Sus palabras comienzan diciéndoles: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra”. En otras palabras: Todo el dominio es mío.

Este es el cumplimiento de Daniel 7:13-14. Lo que es realmente interesante cuando uno lee Hechos 7:54-55, y Esteban estaba siendo apedreado, es lo que dice: “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios; y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios”. Note que la Biblia no dice que Jesús estaba a la diestra del hombre, sino que “el Hijo del Hombre” estaba a la diestra de Dios.

Aquí vemos que se hace una referencia directa a Daniel 7:13-14. Difícilmente alguien que no fuese Jesús se referiría a sí mismo como El Hijo del Hombre, pero Esteban lo hace en ese momento para demostrarles a todos que Jesús tenía autoridad por encima de toda esa situación que estaba enfrentando. Esteban estaba a punto de ser apedreado por Su fe, pero Jesús tenía toda la autoridad en este escenario. Así que, Esteban es apedreado, y luego, ¿qué pasa? El Evangelio es esparcido. En Hechos 8, el Evangelio llega a Judea y Samaria. Luego en Hechos 11:19 establece que la Iglesia en Antioquia fue fundada como resultado de la persecución que se generó y que estaba asociada con Esteban. La autoridad de Jesús no puede ser detenida. Él le va a demostrar a todos Su autoridad sobre Satanás. Esta es una gran ilustración.

Debemos darnos cuenta que era Satanás quien quería detener la obra de la iglesia primitiva en Hechos 7 y 8. Conociendo esto, ¿tenemos confianza nosotros, hoy en día, de la misión que Dios nos ha encomendado? Cada esfuerzo del enemigo en detener la obra del Señor, Dios la torna en una oportunidad para esparcir el Evangelio. Dios tiene autoridad, y esa autoridad no puede ser detenida.

Su Palabra

No sólo tiene autoridad, sino que Su Palabra no puede ser detenida. Todos los versículos que aparecen anotados en su guía de estudio, se enfatizan en cómo la Palabra de Dios avanzaba y se esparcía en todos los lugares; que nada podía detener Su Palabra. Esta era la razón por la cual ellos oraban cuando enfrentaban persecución. El final de Hechos 8 nos provee de una gran guía de oración que nos enseña cómo orar por nuestros hermanos y hermanas que enfrentan persecución hoy en día. Ellos oraban diciendo: “Dios, considera sus amenazas y dales fuerzas a tus siervos para predicar Tu Palabra con valentía”. Ellos oraban para que Su Palabra siguiera esparciéndose por todo el pretorio. “Dios, haz todo lo que tienes que hacer para que esto suceda”. Su Palabra no puede ser detenida. La conclusión es que nada puede o podrá detener el cumplimiento de Su plan.

Al llegar al final de Hechos, en el capítulo 28, versículos 30 y 31, vemos algo majestuoso en el libro de los Hechos. En la parte final dice: “Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento”. Allí lo tenemos. Pablo predicaba acerca de Jesús y Su Reino a toda persona que se le acercaba.

Lo interesante es que, cuando dice que él predicaba a todos acerca del Reino de Dios “sin impedimento”, esta palabra aparece al final en la versión original en griego del Nuevo Testamento. En griego, la palabra “sin impedimento” es la última palabra que se menciona en el libro de los Hechos; el Evangelio avanzaba sin impedimento. Nada podrá detener Su Palabra y esta es una promesa en la que tenemos que depender hoy en día. En el Nuevo Testamento, ni los judíos incrédulos, ni la persecución ni la iglesia secular podía detener al Evangelio de ser esparcido.

¿Se podrá alinear la iglesia a los planes del Rey?

La única pregunta es, ¿se podrá alinear la iglesia a los planes del Rey? Es interesante ver cómo en muchas ocasiones, la iglesia de Hechos se resistía al plan de Dios. Hechos 11 es un ejemplo de ello. Los Gentiles estaban viniendo a los pies de Cristo y la iglesia se pregunta, “¿Se les puede permitir esto a ellos? ¿Deberíamos permitir semejantes cosas? Vamos a reunirnos para discutir si esto es algo permisible o no”. Esto luego nos lleva a Hechos 15. Para entender este capítulo, debemos entender la historia del pueblo de Dios. El plan de Dios en el Antiguo Testamento, era bendecir a Su pueblo en gran manera para que Su Gloria se esparciera por todas las naciones.

Este era Su plan, pero ellos se resistieron. Por muchos años y durantes muchas generaciones, se resistían a Su plan y perdían las bendiciones que Dios tenía para ellos. Así que, cuando leemos el Nuevo Testamento, y vemos que el Rey se acerca a Su pueblo, ¿qué hacen ellos? Se resisten a Él. La historia de Hechos nos habla de un Dios obrando y de un pueblo resistiéndose a Su plan. La gente se resistía a Dios en Jerusalén, por los judíos como lo dice Hechos 6 y 7.

Hasta vemos a la misma iglesia resistiéndose a la misión de Dios. ¿Nos suena esto familiar hoy en día? Dios, ayúdanos a no ser una iglesia que haga caso omiso a Tú misión, rechazando el plan que tienes para rescatar a todas las naciones. Es por esta razón que Lucas dice al principio de Su Evangelio que Cristo murió para que el arrepentimiento y el perdón de pecados fuera predicado a todas las naciones. Así que no podemos decir que cuando Cristo murió en esa cruz, murió solamente por mí. Él murió para que el arrepentimiento y el perdón de pecados fuera predicado en todos los pueblos de la tierra, y mi tarea como parte del cuerpo de Cristo es no resistirme a Su misión.

Debo entregarme por completo a esa misión. Como iglesia, debemos entregarnos a esa misión, porque si no lo hacemos, perderemos Su bendición, y lo rechazaremos a Él, y perderemos de vista la razón por la cual estamos aquí. Esta es la razón por la cual la misión debe ser central en la iglesia. No podemos poner Su misión a un lado. ¿Seremos nosotros esa iglesia que se alinee al plan del Rey? Pienso que el Nuevo Testamento nos da esperanza.

El Rey está en control

La segunda parte de la misión del Reino es que: el Rey tiene una nueva comunidad. Lo que vemos en el Nuevo Testamento es a un Jesús expandiendo al Reino a través de la iglesia. Hasta este punto, el pueblo de Dios era el pueblo de Israel. Pero cuando vemos a la iglesia en el libro de Hechos, y especialmente en las cartas que nos ayudan a comprender el libro de Hechos, vemos un escenario completamente distinto. Ahora la oportunidad para pertenecer al pueblo de Dios estaba abierta a todas las personas. El Reino estaba disponible para todas las naciones, pueblos, Judío, Gentil, esclavo, libre; abierto para todos. Pero hay ciertas cosas que debemos mencionar acerca de este escenario.

Cristo y el Reino de Dios

Primero que todo, esta comunidad, esta iglesia, es conformada por la misericordia de Cristo. Veamos lo que dice Primera de Pedro 2. Recuerde que este libro fue escrito en medio de la persecución que el emperador Nerón tenía en pie en ese momento. El escenario de Primera de Pedro es mayormente un escenario de sufrimiento. Observe lo que dice Primera de Pedro 2:4. “Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa; vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”. Este es un escenario Judío, pero fue escrito tanto para los gentiles como para los Judíos.

Citando del Antiguo Testamento

Luego, Pedro continua escribiendo y citando del Antiguo Testamento y dice en el versículo 9: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”. La razón por la que estamos hoy aquí es porque Dios ha decidido llamarnos por nombre e iniciar una relación con nosotros. Él nos dijo que somos Su pueblo y que ahora debemos declarar Su alabanza en todo lugar que vayamos. Somos Su pueblo. Esto es lo que Dios decía una y otra vez en el Antiguo Testamento al pueblo de Israel. Ahora se lo está diciendo a la iglesia. Dios nos llamó por Su misericordia.

Estamos unidos por la fe en Cristo

En segundo lugar, estamos unidos por la fe en Cristo. Gálatas 3:6-8 y 26-29 son una clara ilustración de ello. Luego, en Hebreos 11 encontramos otra gran ilustración, especialmente en el versículo 26 porque dice que Moisés tenía “por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón”. Estamos hasta unidos con los creyentes del Antiguo Testamento por nuestra fe en Cristo. La fe de ellos dependía de las cosas que habían de venir; la nuestra está puesta en la promesa que hemos visto en Cristo. Estamos unidos por medio de la fe en Cristo.

Estamos llenos del Espíritu de Cristo

En tercer lugar, estamos llenos del Espíritu de Cristo. Efesios 1:13-14 nos da un gran ejemplo de la unidad entre los Judíos y los Gentiles. Todo el libro de Efesios fue escrito para tratar directamente con la relación entre los Judíos y los Gentiles.

Él expresa el Reino en la iglesia

Él expresa el Reino en la iglesia. Él nos llama por Su misericordia; Cristo ensancha el Reino de Dios a través de la iglesia y luego expresa Su Reino dentro de la iglesia.

La iglesia compone el cuerpo de Cristo

La iglesia compone el cuerpo de Cristo. Efesios 2 (todos los versículos ubicados en la guía de estudio a partir de Efesios, hablan de nosotros como el cuerpo de Cristo). El “cuerpo” es mencionado una y otra vez. Nosotros componemos el cuerpo de Cristo.

La iglesia es poseedora del cuerpo de Cristo

En Segundo lugar, la iglesia es poseedora del cuerpo de Cristo. Recuerde lo que pasó en Lucas 10:9 cuando a los Discípulos se les dio el poder y la autoridad para sanar. Recordemos lo emocionados que ellos estaban cuando volvieron y de cómo los demonios se sometían a ellos en el nombre de Cristo. En Hechos 3, Pedro va camino al templo junto con Juan y se encuentra a un paralítico sentado a la puerta de la iglesia llamada La Hermosa. Pedro le dice “levántate y camina” y el hombre se levanta y camina. Lo que vemos desde los comienzos de la iglesia es que la autoridad de Cristo le pertenece a la iglesia.

Él nos ha dado la autoridad que Él tiene a la iglesia, hecho evidente en la provisión de Su Espíritu. Muchas veces podemos ver esto como algo tan casual que nos olvidamos del peso que esto tiene para nuestras vidas como Cristianos. Dios ha invertido Su Espíritu en nosotros. Nos ha dado Su Espíritu. Esta es una verdad gigantesca y una responsabilidad gigantesca de igual forma. Si esto no nos conmueve, entonces hemos perdido el enfoque. Él nos ha dado Su Espíritu, el Espíritu del Dios viviente, y toda la autoridad que trae consigo. No podemos vivir una vida Cristiana derrotada cuando tenemos a Su Espíritu dentro de nosotros. Somos el cuerpo de Cristo. Somos poseedores de la autoridad de Cristo.

La Iglesia personifica el amor de Cristo

En tercer lugar, la Iglesia personifica el amor de Cristo. En todo el libro de Efesios, vemos el amor de la iglesia en Cristo. Lo que distingue a la iglesia de todas las demás personas es el amor que tiene. Primera de Juan 3:16-18 dice que nosotros demostramos el amor al poner nuestras vidas por los demás. Debemos darnos cuenta que la iglesia fue diseñada para ser una imagen del amor de Cristo al mundo. Si el mundo nos mira y no ve en nosotros una comunidad llena de amor, entonces no entendemos lo que significa ser parte del Reino de Dios. El mundo necesita ver a una comunidad que ama y personifica el amor de Dios por los demás. El amor debe ser la marca que distinga a la iglesia. El amor no se puede poner en riesgo dentro de la iglesia. La iglesia personifica el amor de Cristo.

La iglesia completa los sufrimientos de Cristo

La iglesia también completa los sufrimientos de Cristo. Ya hemos hablado del sufrimiento cuando hicimos referencia al libro de Filipenses capítulo 1. De hecho, ya hemos hablado bastante acerca del tema del sufrimiento. En Colosenses 1:24-27 Pablo dice “Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo”. ¿Qué quiere decir esto, que las aflicciones de Cristo en la cruz no fueron suficientes para perdonar nuestros pecados? No. Esto del sufrimiento y la persecución nos puede dejar perplejos si no entendemos lo que la Biblia nos quiere enseñar acerca de estas verdades. ¿Cómo puede ser buena la persecución y el sufrimiento? Piénselo bien.

¿Cuál fue la forma más clara en la que Dios demostró Su amor por el mundo? Lo hizo a través del siervo sufrido, a través del sacrificio de Su Hijo. Entonces, asumiendo que Su estrategia no ha cambiado, ¿de qué manera puede Dios demostrar Su amor de forma clara para con el mundo de hoy? ¿Cómo podemos demostrar y personificar el carácter de Cristo si siempre nos salen todas las cosas bien?

Cada uno de nosotros ha experimentado o experimenta quizá no persecución, pero de seguro que si experimenta sufrimiento. Pero es en esos momento cuando las cosas no nos salen bien, y nos va mal, donde Dios desea mostrar Su Gloria de forma clara. De esta forma es que la victoria se hace evidente, a través del sufrimiento. Completamos los sufrimientos de Cristo. ¿Cómo podemos mostrar a Cristo en el mundo si siempre las cosas nos salen bien? Ciertamente, es cuando las cosas nos salen mal que podemos mostrar a Cristo en el mundo. La iglesia completa los sufrimientos de Cristo.

La iglesia muestra la Gloria de Cristo

La iglesia también muestra la Gloria de Cristo. En Efesios 2:19-22 encontramos un gran ejemplo de esto. Pablo dice: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”. Ya estudiamos anteriormente cuando vimos que Jesús mismo proclamó ser el templo.

Ahora, en estos versículos se nos dice a nosotros, Su Iglesia, que hemos sido llenos con el Espíritu Santo. Nuestros cuerpos ahora son el templo, y por ende, juntos formamos una imagen de la Gloria de Cristo. Cristo expresa Su Reino a través de nosotros.

¿Nos hemos dado cuenta de que somos nosotros los representantes del Reino de Dios en la tierra hoy en día? Esta es la razón por la que tenemos que estudiar el Nuevo Testamento, porque debemos conocer acerca del Reino de Dios, y debemos conocer cómo se debe llevar esto a cabo en nuestras vidas. Esta es una responsabilidad enorme, y esto es más importante que cualquier otra cosa, pues Él expresa el Reino a través de Su iglesia.

Él le encomienda el Reino a la iglesia

Finalmente, Él le encomienda el Reino a la iglesia. Dios nos ha dado el privilegio y esto tiene que ver con dos cosas. Primero que todo que, la iglesia debe guardar el Evangelio. En nuestros días, como lo fue también en el tiempo de los Colosenses, existen filosofías y puntos de vistas que van en contra del Evangelio, lo cual podría poner en riesgo el Evangelio y hasta podría infiltrarse en la iglesia.

Estas filosofías pueden causarle dudas a muchos en la iglesia, acerca de la verdad de que Cristo es el único camino para ir al cielo. ¿Creemos que la Palabra de Dios es verdadera, o pensamos que son simples sugerencias? Hay un peligro muy grande hoy de día, de tomar las enseñanzas de Cristo y usarlas para manipular lo que queremos decir. Debemos estar firmes ante cualquier falso evangelio que quiera infiltrarse en la iglesia actual. La iglesia siempre debe guardar el Evangelio. El Nuevo Testamento dice que debemos guardar el depósito que se nos ha encomendado.

La iglesia no sólo debe guardarlo, sino que debe proclamarlo. Esto parece incoherente decirlo. Decir que debemos guardarlo es prácticamente decir que debemos esconderlo, pero eso no es lo que quiere decir. De hecho, podemos guardar el Evangelio al proclamarlo. Esto es evidente en la Biblia una y otra vez. Esto se ha malinterpretado por muchas congregaciones, callando y guardando silencio al Evangelio. El Evangelio es guardado al proclamarlo.

Me gusta mucho lo que dice 2 de Corintios 4:4-6  dice: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. Así que lo que vemos en el versículo 4 es al dios de este mundo encegueciendo las mentes de los incrédulos.

En el versículo 6, vemos al verdadero Dios alumbrando Su luz en sus corazones. En medio de estos versículos, en el versículo cinco, revela cómo Él puede hacerlo. “Nosotros predicamos a Cristo”. Esto esta en la mitad de estos dos versículos (el 4 y 6). El dios de este mundo malgasta su tiempo peleando una batalla con el Dios verdadero que alumbra Su luz a nuestros corazones. En medio de esta batalla, nosotros somos los que predicamos a Cristo. Proclamando el Evangelio. Debemos ser activos al proclamar el Evangelio. Unas pocas estrellas no pueden cubrir todo el mundo. Nosotros sólo mostramos el Evangelio como individuos en nuestras vidas y nuestras familias. Que Dios nos ayude a ver que la mejor forma de compartir el Evangelio, es como individuos, como el plan supremo de Dios para esparcir el Evangelio hasta los confines de la tierra. Debemos proclamar el Evangelio.

La pregunta que me hago y con la que quiero retarnos es la siguiente: ¿Estamos nosotros esparciendo el Evangelio? Esa es la pregunta. Quiero que pensemos en la misión de la iglesia del Nuevo Testamento.

La iglesia del Nuevo Testamento

Primero que todo, la iglesia del Nuevo Testamento nació en un contexto de misiones. Debemos recordar que estos escritos, acerca de Cristo, no se escribieron mientras Él estaba en la tierra. Todo ellos debieron ser escritos luego de Su ascensión al cielo para poder incluir ese escenario. Así que cada libro del Nuevo Testamento fue escrito luego de la ascensión de Cristo. La iglesia nació bajo el contexto de las misiones. Desde el principio de la iglesia, en el libro de Hechos, todos estos acontecimientos apuntaban a la misión de la iglesia. Es decir, cada uno de estos documentos, es un documento misionero. Nació en el contexto de las misiones. La idea general del Nuevo Testamento es la de mostrar cómo la iglesia era moldeada para cumplir la misión y esparcir así el Reino de Dios.

La iglesia del Nuevo Testamento existe para completar la misión

En segundo lugar, la iglesia del Nuevo Testamento existe para completar la misión. Romanos 10:12-14 se pregunta: ¿Cómo oirán si nadie les predica?” El plan de Dios es llevarnos a los pueblos no alcanzados del mundo. Si no lo hacemos, entonces no hay un plan B. Nosotros somos el plan A de Dios. Es importante ver esto en el Nuevo Testamento. La iglesia existe para completar la misión.

La iglesia del Nuevo Testamento muere por causa de la misión

En tercer lugar, la iglesia del Nuevo Testamento muere por causa de la misión. Debemos recordar que la mayoría de los libros del Nuevo Testamento fueron escritos por personas que murieron por amor a la misión: Mateo, Juan, Pedro, Pablo, son los personajes principales. Si nos olvidamos que había persecución en medio de ellos a medida que escribían estos libros, no entenderemos el verdadero peso y significado que estos libros tenían para el pueblo de Dios. La iglesia debe morir por causa de la misión. La iglesia debe abrazar la muerte para esparcir la Palabra de Dios. Este es un cristianismo que debemos descubrir y recobrar.

Piense en el impacto que tienen estas verdades en la misión de la iglesia contemporánea. Aquí vemos las implicaciones a las que debemos aferrarnos al estudiar esto. El Nuevo Testamento no tendrá significado para nosotros si lo leemos y estudiamos apartados del contexto en el que fue escrito. El Contexto de la misión de la iglesia. Si nosotros ni siquiera estamos rendidos por completo a la misión, nunca entenderemos la Palabra de Dios.

Es por esto que Filemón 6 dice: “para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús”. ¿Cómo se puede tener un conocimiento pleno de todo lo que tenemos? Al ser activos y compartir nuestra fe. Si sólo nos quedamos en nuestras congregaciones estudiando el Nuevo Testamento, nunca entenderemos el significado de el. Si nosotros nos dedicamos por completo a proclamar el Evangelio a todas las naciones, entonces lo que Pablo escribió comenzará a tener sentido para nosotros; las cosas que Jesús dijo tendrán sentido para nosotros. Todo tiene sentido cuando se estudia en el contexto de la misión.

El Nuevo Testamento expandió al Reino de Dios

En Segundo lugar, el Nuevo Testamento expandió al Reino de Dios. ¿Cuál Reino estamos expandiendo nosotros? Por favor, note que los versículos que se encuentran en su guía de estudio sobre Hechos 8, 19 y 20 no hablan de cómo la iglesia predicaba a la iglesia. Hablan de cómo la iglesia predicaba acerca del Reino de Dios, de Su Evangelio. Nosotros no debemos esparcir ni expandir nuestros propios reinos. Debemos es expandir el Reino de Dios, pues nuestros reinos han sido sacrificados por el Suyo. La iglesia expande el Reino de Dios.

El Reino de Dios no existe para nosotros

En tercer lugar, el Reino de Dios no existe para nosotros. Somos nosotros los que existimos para el Reino de Dios. Si vemos lo que dice Gálatas 1:15 y 16, vemos que Pablo describe el motivo de Cristo y Su Salvación. Él dice, “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, 16 revelar a su Hijo en mí,(A) para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre…” Ese era el fin. Cristo le dio Su Evangelio a Pablo por una razón, y la razón no era detenerse con la vida de Pablo. Esa no era la razón suprema.

La razón principal era para que todas las naciones, incluyendo a los Gentiles, pudieran adorar a Dios. No podemos detener a la salvación aquí, centrándola en nosotros y olvidando el hecho de que nosotros existimos por causa del Reino. Somos salvos por una razón: para expandir el Reino de Dios. Si nosotros no estamos expandiendo el Reino de Dios, entonces no estamos cumpliendo con el propósito de nuestra salvación. Existimos es para expandir el Reino de Dios en la tierra.

El Cristianismo del Nuevo Testamento

Si nosotros deseamos vivir el Cristianismo del Nuevo Testamento, entonces debemos poner nuestras vidas en riesgo por causa del Evangelio. Todos los Apóstoles, con excepción de Juan y excluyendo a Judas, dieron sus vidas por causa de la misión. Pedro y Pablo, los dos personajes principales en el libro de Hechos. Esteban quien fue apedreado, Santiago quien fue decapitado; en el libro de Hechos vemos cómo ellos dieron sus vidas. 2 de Timoteo 3:12 dice “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”. Mire lo que dice Apocalipsis 6:9,  “Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían; Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?”.

Aquí vemos cómo los mártires oraban desde el Santo Trono de Dios. “Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos”. Sintamos el peso de ese versículo. Allí tenemos un escenario de santos cuya sangre corrió por causa del Evangelio.

Estos santos clamaban desde el Trono de Dios en el cielo, para que Dios se levantara y mostrara Su verdad y justicia. Dios dice que aún faltan personas para dar sus vidas por causa del Reino. Que Dios nos ayude a ser nosotros ese ejército que se levante para enfrentar cualquier clase de persecución o sufrimiento para cumplir con el plan de Dios. Debemos orar para que Dios nos permita ser ese ejército de hombres y mujeres que estén dispuestos a lo que sea con tal de que el Evangelio de Dios sea esparcido en toda la tierra. Esta es una oración Bíblica y debemos orar de esta manera. Este es el Evangelio del Reino y la Misión del Reino.

Al final de Apocalipsis vemos que el Reino trae esperanza. En Apocalipsis 11:57 vemos esta esperanza llegar. Observemos primero la obra de Cristo en el Reino de Dios. En los Evangelios vemos al Rey; el Rey ha llegado; el Rey ha vencido; el Rey está en control y que el Rey tiene una nueva comunidad. Sin embargo, el Rey volverá, y eso es evidente desde el primer capítulo de Apocalipsis.

La obra de Cristo por nosotros

Los Evangelios muestran el cumplimiento de la obra de Cristo por nosotros. No se necesita hacer más nada para nuestra salvación. Ya Cristo lo hizo todo. Su obra se cumplió. Hebreos 9 lo dice claramente. El libro de Hechos y las Epístolas muestran la continuación de la obra de Cristo en nosotros. Esto lo vemos una y otra vez. Colosenses 1:27 dice: “Cristo en vosotros, la esperanza de Gloria”. El libro de Apocalipsis nos muestra la consumación de la obra de Cristo con nosotros. Reinaremos con Él, es lo que dice la Biblia. Somos co-herederos con Él en gloria. No es sólo por nosotros o en nosotros.

Ahora pasaremos a estar con Él. Cristo vino como el Cordero (Apocalipsis 5:6): “Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra”. Primero Él vino como el cordero, siendo débil, pobre y humillado. La próxima vez vendrá como un León.

El versículo 5 dice: “Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos”. Mire que el versículo 6 dice que el cordero parecía inmolado, pero, ¿qué es lo que estaba haciendo el cordero? El cordero no estaba sentado ni acostado o dolido como si hubiese sido inmolado. El Cordero estaba de pie como si hubiera sido inmolado. Los corderos no están de pie cuando parecen haber sido inmolados a menos que tengan el triunfo de un león; un Cordero y el León. Primero vino como un cordero débil. Pero ahora volverá con fuerza. Vino en pobreza. Pero ahora vendrá con la riqueza del cielo. Vino humillado. Ahora vendrá en Gloria. Esta es una ilustración de Jesús mostrada una y otra vez en el libro de Apocalipsis.

Recuerde que el punto principal de Apocalipsis es la de mostrar a Cristo como el Testigo Fiel y el Gobernante de todos los reyes sobre la tierra. Él es el alfa y la omega, el Principio y el Fin, el primero y el postrero” (Apocalipsis 22:13). Él es el que vive (Apocalipsis 1:18). Él es el Santo y Verdadero (Apocalipsis 3:7).

No sólo vendrá, sino que traerá todas estas cosas consigo: Una redención final y un juicio final. Primero que todo, una redención final para aquellos que han aceptado el Reino. Una restauración final. Esto lo dice en Apocalipsis 19:1-10. La esposa estará lista para el esposo. Apocalipsis 19:11-16 nos muestra que el Rey traerá también un juicio final para aquellos que rechazaron el Reino de Dios. Traerá tanto redención como juicio final.

El Rey volverá y lo celebrará eternamente

El Rey volverá y lo celebrará eternamente. Esto es lo que vemos en Apocalipsis 21. “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”.

El Reino incluirá belleza

El Reino incluirá belleza. Una nueva creación, según Apocalipsis 21:1. En el principio de la Biblia vemos la caída del hombre, ahora todo será nuevo. Lo viejo pasará. Lo segundo en este cuadro es la Nueva Jerusalén. Apocalipsis 21:2. En tercer lugar vendrá un nuevo templo, un lugar nuevo donde estaremos con Dios y Él estará con nosotros. Finalmente, este cuadro nos muestra un nuevo orden donde todas las cosas son hechas nuevas. Esto es increíblemente hermoso.

El Reino incluirá un gozo inexplicable

El Reino también incluirá un gozo inexplicable. Apocalipsis 21:6 dice: “Hecho está”. Espero con ansias el día en el que experimentaremos una satisfacción eterna y donde nunca jamás volveremos a tener sed. Este será el gozo inexplicable que veremos. Y lo más hermoso es que lo tendremos sin costo alguno.

Así que habrá una belleza indescriptible y un gozo inexplicable.  También habrá una justicia irreversible. Apocalipsis 21:7-8 dice, “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”. Aquí vemos una relación paterno-filial eterna.  Pero también habla de aquellos que serán echados al lago de fuego y azufre. Así que vemos una relación paterno-filial y también una separación eterna. Apocalipsis 20:14-15 dice, “Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”. Si existe duda en tu corazón acerca de tu estado en Cristo, te quiero pedir que veas que vendrá un día donde el juicio será irreversible y donde no tendremos otras oportunidades. Le pido que no se arriesgue. Le pido que se someta al Rey. Esta es la ilustración del Reino.

La promesa del Rein

Luego vemos la promesa del Reino. Apocalipsis 22:7 es el clamor de Cristo. Esto lo repite unas tres veces más en el último capítulo de la Biblia. Escuche Sus Palabras: “!!He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro”.

Luego vemos el Clamor de la iglesia, el cual es “AMEN”; ven Señor Jesús. Amén. Que así sea.  Amén.

Esta es la pregunta que quiero que nos hagamos para terminar con este escenario acerca del Reino de Dios en el Nuevo Testamento. ¿Añoramos nosotros el Reino de Dios? ¿Estoy anticipando el Reino de Dios? Esto es lo que nos dice el Nuevo Testamento que debemos hacer.

Debemos anhelar Su Aparición

Primero que todo, debemos anhelar Su Aparición. Observe la naturaleza temporal de este mundo. Llenémonos de coraje. El Nuevo Testamento nos anima a llenarnos de coraje. Muy pronto no habrá más pecado ni más dolor ni más luchas.

Debemos vivir para Su Aparición

En segundo lugar, debemos vivir para Su Aparición. Debemos perseguir la santidad en todas las áreas de nuestra vida. Colosenses 3:1-5 dice que, en vista de Su aparición, debemos perseguir a Dios y ser santos. No podemos dormir en nuestro pecado si vamos a esperar la venida del Rey. Esta no es la imagen que nos da el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento dice que debemos perseguir la santidad. Debemos ser santos porque nuestro Santo Rey volverá por nosotros. Como Su esposa, tenemos que vestirnos de lino fino, el cual simboliza las obras de justicia que Él nos ha concedido vestir.

Anhelamos Su aparición

En tercer lugar, anhelamos Su aparición. Vivimos anhelando el día en el que nos salve completamente. La obra de Cristo en la cruz fue suficiente para salvarnos y justificarnos delante de Dios, sin lugar a duda. Estamos confiados de nuestra eternidad con Él. Vendrá un día donde nuestra salvación será culminada. Romanos 8:30 dice “Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”. Viene un día donde nuestra salvación será completada.

Anhelamos el día cuando le veamos cara a cara

En Cuarto lugar, anhelamos el día cuando le veamos cara a cara. Quiero que subraye lo que dice Apocalipsis 22:4. Este versículo debe hacerse notar cada vez que usted habrá el Nuevo Testamento. Apocalipsis 22:3-4 dice: “Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes”. La creación, desde Adán y Evan, ha esperado por este acontecimiento. Nadie, en la historia de la redención, ha podido verle el rostro a Dios. Hasta los hombres más justos de la Biblia no pudieron. Apocalipsis 11:15 dice: “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos”.

 

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